Cometer errores nos lleva a encontrar limitaciones. Entre los límites surgen resquicios, descubrimientos, señales: allí a veces crecemos, a veces no. En ocasiones solo disminuimos, solo resultamos heridos, y cargamos la herida, que tarda en cicatrizar. ¿Por qué asumir lo que no queremos? Quizás la libertad es solo una ilusión, una apariencia, pero nos aferramos a nuestras elecciones como quien se aferra a un trozo de madera tras el naufragio.

Creemos que sirve para algo: que elegimos la madera, que elegimos el barco, que elegimos nuestro trabajo y las vacaciones, también la compañía. ¿Podemos decir que algo de esto es una elección libre? No elegimos entre lo infinito, no elegimos en libertad.

Elegimos entre una serie de opciones que nos han sido dadas, tenemos una sensación de libertad. ¿Qué significa ser libres? ¿Podemos serlo de una manera absoluta? Si existe una manera, la desconozco, si existe una libertad absoluta no creo que esté dentro de este mundo de causalidad, en el que todo parece estar conectado.

Las conexiones son ataduras. Como mínimo, lazos. Fuera de este universo, ¿qué existe? La muerte o el nirvana son las dos opciones que me vienen a la cabeza. La muerte está garantizada, comprobada a lo largo de la historia, todos la hemos visto. Sin embargo, solo existe fuera de la consciencia. No sabemos con certeza qué existe luego, si alguna ley lo rige; o si la nada es la única libertad absoluta.

El nirvana, la iluminación, ha sido estudiado y desarrollado por algunas culturas y religiones. ¿Cómo podemos probarlo? ¿Cómo podemos estar seguros de que no existen ataduras ni conexiones? Sin dolor, placer ni deseo es como una muerte en vida, una muerte con consciencia. Vivimos el mundo pero nada importa, todo resbala. Entonces, ¿por qué, para qué?

Desconocemos si es posible de forma comprobable, y todavía podría supeditarse a las mismas preguntas previas: ¿qué nos hace llegar allí? Quizás alguna serie de acontecimientos, igual que pueden llevar a la muerte, llevan a la iluminación y al desapego. Quizás es el extremo opuesto a la desconexión, una conexión tan absoluta que sobrepasa lo causal, que lo concluye. ¿Puede considerarse más que una teoría?

Vuelvo sobre la misma pregunta: ¿existe, entonces, una libertad absoluta, o nos quedamos sin opciones?