Si no has visto las películas de Akira Kurosawa, búscalas apenas termines de leer este artículo. Su maestría cinematográfica es difícil de discutir. Son muchos los cineastas que han admirado su trabajo y bebido de él a lo largo del tiempo. Kurosawa era conocido como el Emperador por ser perfeccionista y dedicar todo el tiempo y esfuerzo necesarios para lograr que exactamente su visión fuese la que se alcanzara en cada uno de los planos de sus películas.

Su atención al detalle y su proceso creativo muestran que le gustaba tener una idea bastante clara sobre lo que quería transmitir y cómo quería transmitirlo. Hay muchas etapas en el proceso cinematográfico donde se altera y pule el producto; una de ellas es la realización de los storyboards, que no siempre es lo suficientemente tomada en cuenta.

Un storyboard no sirve solo para esclarecer mejor las posibles tomas y lo que se quiere mostrar en el encuadre. También es muy útil para compartir una visión particular de lo que se quiere realizar, a un grupo de trabajo y, como comenta Kurosawa, a los productores. La exasperación del director al ver lo lentas que podían resultar las negociaciones para obtener presupuesto lo llevó a dibujar casi diariamente con el fin de mostrar sus ideas, de expresar el mundo que veía dentro de sí.

Akira Kurosawa había querido ser pintor, pero varias circunstancias lo llevaron al cine y, siguiendo un proverbio japonés que dice que «si sigues a dos liebres, puede que no atrapes a ninguna» dejó por completo la pintura hasta retomarla con el proceso de los storyboards, en los que trabaja exhaustivamente para que sean bocetos de otro arte: la película. La idea, el mundo, las formas y los colores del autor toman así múltiples formas antes de llegar a sus películas. En cada una de sus etapas descubrimos el progreso con el que va construyendo y compartiendo una idea, dándole forma y espacio en la realidad.

Los storyboards de Kurosawa son cada vez más conocidos y admirados, por esa clara y maravillosa relación que establecen con sus películas.

¿Pueden llamarse arte? Mi propósito no era pintar bien. Usé libremente varios materiales que estaban a mano. Como mucho, son sobras que quedan de hacer las películas. Mi experiencia con Kagemusha, sin embargo, me enseñó que los dibujos pueden ser extremadamente útiles al hacer cine, como una manera de dar una expresión concreta a mis ideas para la película, por lo que redoblé mis esfuerzos con los dibujos para Ran.

¡Cuántas maneras hay para lograr la forma de una idea, cuántas historias diferentes nos cuentan a medida que las desarrollamos y que las vemos en diversas etapas de su proceso creativo! Ver las películas de Kurosawa nos permite encontrar en ellas el mundo que quería contar, que necesitaba expresar, pero antes de eso tuvo que contar esas mismas ideas a su equipo, y a sus productores, y en estas ilustraciones podemos ver también ese camino que siguió el Emperador, tercamente, y su mérito.

No puedo más que fascinarme por el hecho de que cuando intenté pintar bien sólo pude producir pinturas mediocres, pero cuando me concentré en delinear las ideas para mis películas, inconscientemente produje trabajos que la gente encontró interesantes.