Palabras preliminares

Antes de que se percaten de la frecuente presencia del autor en el siguiente reportaje debo confesarles que esta aproximación a Rumanía resulta ante todo mi aproximación, con motivo del viaje que a este país realicé a principios de Mayo para participar en el «Festivalul Internațional Lucian Blaga». Esta declaración inicial no es redundante, pues quiero dejar constancia que hablar desde la primera persona resulta la opción más honesta; tanto porque lo contrario me hubiera sido imposible, debido al entusiasmo que me suscita escribir sobre la cultura de este país, como por cuanto una presentación más objetiva no hubiera logrado la misión que busco desde el mismo título: aproximación porque no podré abarcarlo todo, pero aproximación también en el sentido de acercamiento progresivo, desde la idea que de lo rumano podamos tener, pasando por los comentarios sobre su geografía o gastronomía, hasta la reseña del Festival que homenajea al autor y los comentarios puntuales de su obra a partir de la visita a su casa y de la contemplación de diversos manuscritos y borradores.

Confieso también que, aunque no soy un gran lector del subgénero intersticial de la literatura de viajes, y puedan advertir un resultado bastante tópico o pobre o sesgado o subjetivo o, en cualquier caso, decepcionante, optaré, en la línea de lo dicho en el párrafo anterior, por una descripción de las ideas a través de los hechos que han venido a confirmarlas, tenidos lugar todos ellos en dicho viaje.

Con el recuerdo todavía caliente, estoy seguro de que se preguntarán la procedencia y las razones de esa emoción insospechada, pues, por desgracia, Rumanía y, en general, los países de Europa del Este —o podríamos decir, en extensión, todos los países que se salgan del G8 o no tengan un selección de fútbol reconocible— sufren a veces la lacra del prejuicio ignorante. No obstante, por esta vez, caer en el pesimismo sería faltar a la verdad pues lo cierto es que españoles y rumanos han llegado a convivir como hermanos. Y también esto lo digo desde la experiencia, por los muchos vecinos y amigos con los que cuento y a los que me unen tantas cosas, desde las raíces románicas de nuestras lenguas hasta algunos aspectos cruciales de la visión del mundo.

Quien les habla un día, hará siete años, decidió tratar de aprender un idioma diferente sin sospechar el universo que se le abriría palabra a palabra. Las clases de las profesoras Ileana Bucurenciu, doctora por la Universidad de București —me permitirán la escritura rumana para contextualizar debidamente— y de la profesora Ana María Marinescu, doctoranda de la Universidad de Alcalá, me inspiraron un amor especial por aquella cultura, y así fui descubriendo la diversidad y heterogeneidad de la especie humana en cada bella cadencia fonemática, en cada refrán, en cada tradición.

Pero fue el conocimiento del poeta y filósofo Lucian Blaga (1895-1961), la lectura y el análisis de sus poemas «Autorretrato» y «Silencio» los que dieron una estocada definitiva en mi espíritu, siempre ansioso de encontrar signos de autenticidad:

«Autorretrato»

Lucian Blaga es mudo como un cisne.

En su patria

la nieve de su ser sustituye la palabra.

Su alma está en constante búsqueda,

en la muda, secular búsqueda,

la de siempre,

y hasta las últimas fronteras.

Él busca el agua donde bebe el arcoíris.

Él busca el agua

donde el arcoíris

bebe su hermosura y su muerte.

Peldaños insospechados (1943)

Traducción: Emilio Surí

 

Lucian Blaga

Lucian Blaga

Tras el conocimiento de Lucian Blaga empecé a indagar en las figuras ilustres de la literatura y la cultura rumana y desde entonces, año tras año mi asombro no ha dejado de crecer. Los Constantin Brâncuși, Paul Celan, Emil Cioran, Mircea Eliade, Eugen Ionescu, Tristan Tzara, y un largo etc., nombres universales que cumplieron una función esencial en cada una de sus ramas artísticas, así como en la constitución de varias de las principales tendencias del arte europeo, eran todos ellos rumanos. Por desgracia, sobre Lucian Blaga pesa todavía un velo de desconocimiento, posiblemente porque no pertenece a una cultura dominante o no ha ganado el Premio Nobel —se encargaron de impedirlo las autoridades comunistas en el año 1956 en que fue nominado—, pero resulta también un personaje a la altura de los anteriores. Desde hace varias décadas profesores destacados como Darie Novaceanu o Eugenia Popeanga han tratado de darlo a conocer en España a través de traducciones, y en esa línea se sitúa precisamente este reportaje, al cual quisiera dar paso, primeramente, a través del poema blaguiano «Silencio»:

Hay tanto silencio alrededor que me parece oír

cómo se estrellan los rayos de luna en los cristales.

En el pecho

una voz extraña ha despertado

y una canción canta en mí ajenas añoranzas.

Se cuenta que los antepasados muertos antes de tiempo,

con sangre todavía joven en las venas,

con pasiones intensas en la sangre,

con sol palpitante en las pasiones

retornan,

retornan para continuar

en nosotros

la vida no vivida.

Hay tanto silencio alrededor que me parece oír

cómo se estrellan los rayos de luna en los cristales.

Oh, ¿quién sabe, alma mía, en qué pecho cantarás

también tú más allá de los tiempos

–en las dulces cuerdas del silencio,

en arpas de oscuridad– la nostalgia ahogada

y la rota alegría de vivir? ¿Quién sabe? ¿Quién sabe?

Los poemas de la luz (1919)

Traducción: Gabriela Căprăroiu y Omar Lara

En un momento en el que la poesía me dejaba indiferente, este poema volvió a emocionarme pues en pocos se puede sentir de manera tan cierta una comunicación, el hecho cierto de que alguien, desde el silencioso momento de su creación está hablando a todos los hombres de la historia. Blaga se comunica con nosotros desde algún territorio –quizás el tiempo, quizás el lenguaje, quizás «la poesía en el tiempo»– ajeno al final de una vida humana. Así pues, este poema fue una vocación y, como tal, con este viaje por fin acudí a su llamada.

Aproximación a Rumanía a través de los espacios de Lucian Blaga

Cluj—Ocna-Mureș

Aterricé en Cluj–Napoca el 4 de Mayo, donde me recibió mi anfitrión Gheorghe Vințan, presidente de la «Unión Lucian Blaga de Escritores y Artistas Rumanos». El señor Vințan es un incansable promotor cultural de lo rumano y de lo hispánico desde hace muchas décadas, empresa con la que cumple un sueño de juventud cuando tanto él como algunos de sus amigos se entusiasmaron con la lengua española y decidieron aprenderla y profundizar en nuestra cultural. A pesar de los mínimos recursos que existían en aquel tiempo de dictadura, un libro de enseñanza y las diversas canciones españolas que tanto éxito tenían por aquella época fueron suficientes para que los hombres del Este siguieran demostrando su envidiable aptitud en el aprendizaje de idiomas.

(Método para aprender español. Años 60)

(Método rumano para aprender español. Años 60)

 

Atravesar en coche la ciudad de Cluj, que fuera en su tiempo capital de Transilvania, y los campos de esta provincia, ofrece al visitante algunas primeras impresiones que se pueden ir confirmando conforme se va conociendo el país. Llama la atención la extensión de las ciudades en relación a su población; conforme salíamos del término de Cluj, desde lo alto de la colina, se observaba un complejo urbano inesperadamente enorme, pues aun siendo la segunda ciudad más poblada de Rumanía, los más de 300 000 habitantes se reparten también en un gran número de casas bajas, en lo que parece ser un sano estilo de vida arraigado por todo el territorio dacio.

Nuestro objetivo era un pueblecito de las afueras Ocna-Mureș, otra de las ciudades en las que vivió Lucian Blaga, entre los años 1950 y 1951. Allí pude degustar algunos productos de la tierra, preparados artesanalmente, constatando en un viaje más la diversidad gastronómica de la que gozamos en Europa; diversidad esta que debemos salvaguardar pues a las culturas se entra por sus gentes y sus canciones tanto como por sus viandas.

Al despertarme llamó mi atención que, siendo el pueblo tan pequeño, aquella casa se situara entre dos iglesias. Una era ortodoxa, situada en lo alto de la colina, al otro lado del río Mureș, mientras que la otra, emplazada junto al mismo domicilio de mi anfitrión, greco-católica. En esta última su sacerdote, entusiasmado ante la presencia de un turista, cosa extraña por aquellos lares, me regaló con mucha amabilidad una imagen de dimensiones poco recomendables para el viajero.

Detalle de la Iglesia Greco-católica

Detalle de la Iglesia greco-católica

La religiosidad rumana y sus heterogéneas expresiones darían espacio para otro reportaje, pues uno a lo largo de su recorrido por la Dacia no para de encontrarse ejemplos variopintos: iglesias ortodoxas, iglesias greco-católicas, iglesias católicas, iglesias adventistas, iglesias evangelistas… En el camino de Cluj a Ocna-Mureș de la noche anterior ya habíamos podido contemplar, a unos pocos kilómetros de la carretera, en mitad de la nada, un enorme templo iluminado, ante lo cual nuestro chófer me propuso el hongo como elemento de comparación para explicar la situación de las iglesias en Rumanía. Realmente, el que descubriera en la lejanía aquel enorme y hermoso edificio sentía la impresión de que había brotado por generación espontánea en mitad del campo y, lo que no deja de ser menos curioso, justo pegado a otro, un poco más pequeño, que le precedió otrora en su funcionalidad espiritual.

En conjunto, y siempre a través de la narración de mi anfitrión Gheorghe Vințan, que me iba aportando todo tipo de información, desde la historia del país hasta las andanzas personales de sus días de niñez, cuando grupos numerosos de infantes marchaban por los bosques de la Dacia en busca de aventuras, sentí una cercanía muy directa con los hechos que aspiré en cada conversación con mi abuelo durante sus últimos años. Aquellos tiempos en los que el contacto con la naturaleza era tanto más duro como más cercano —y que siempre me evocaban mis lecturas, pues pienso que hay menos distancia entre el Lazarillo y la generación de nuestros abuelos que entre esta y nosotros— pueden todavía atisbarse en muchas regiones de Rumanía, mientras que en España la desolación de los pueblos fantasma constituye una realidad irrecuperable.

Sebeș

El siguiente día viajamos hasta Sebeș, la ciudad donde tendría lugar el congreso. Por el camino que lleva de Ocna-Mureș a Sebeș, atravesando la provincia de Alba Iulia, se puede disfrutarde algunos otros pueblos históricos como la bella Aiud, así como de tierras que nos recuerdan mucho al Norte de España, en cuanto a vegetación siempre verde y bosques caducifolios. Este fue precisamente el paisaje que se observaba desde el hotel. Y este es quizás uno de los mejores instantes del viaje: salir a la terraza y contemplar a unos kilómetros la famosa Râpa Roșie, reserva natural extraordinaria por su rareza: un terreno de no más de un kilómetro de largo en donde, en mitad de las colinas, por el misterio de la erosión, son visibles paredes de rocas con formas extrañas y de singulares colores rosáceos. Quien haya leído a Lucian Blaga solo puede contemplar con emoción aquellos paisajes que él mismo observaría tantas veces desde su propia casa. Aquel paraje extraordinario seguramente tuvo en su momento un papel fundamental en la construcción de la metafísica expresionista blaguiana.

Râpa roșie

Râpa roșie

Respecto a la ciudad de Sebeș, no cuenta con un patrimonio histórico notable. Sin embargo, más allá del entorno de la plaza principal, el ayuntamiento, la catedral y el fragmentario recinto amurallado, su museo nos recuerda que esta ciudad, fundada por los sajones en el siglo XII, alberga tesoros variopintos en la Casa de la familia Zapolya, actual Muzeul Municipal «Ioan Raica», que van desde la prehistoria hasta el pasado siglo, desde la cerámica hasta el hierro.

Si, hasta ahora, en todo el viaje destacaba la yuxtaposición de lo rumano con lo húngaro, convivencia remota entre ambos pueblos, en cuanto a tradiciones y lenguas se refiere, en Sebeș existe además una fuerte presencia germánica, que se advierte en sus construcciones principales y en la cartelería callejera.

Colegio alemán

Colegio alemán

Rumanía siempre ha contado con importantes comunidades alemanas. Seguramente este hecho sea conocido por los lectores, al recordar al gran poeta del pasado siglo, Paul Celan, que, aunque rumano nacido en Bucovina, mantuvo, hasta el final de sus días, el alemán como primer idioma.

En relación a dicha presencia, la ciudad de Câlnic representa una de las maravillas que podrá visitar quien se acerque a estas tierras. Allí se pueden vislumbrar, de nuevo, la conjunción de las dos culturas, contemplando tan solo la arquitectura doméstica: las casas rumanas, a las las que se accede por el jardín, con el hogar, de elaborados y variados tejados, en su interior; frente a las casas alemanas, construidas a la manera de pequeñas fortalezas, con grandes puertas y altas tapias que protegen un patio interior cerrado a la vista del forastero.

Casa de construcción típica germánica

Casa de construcción típica germánica

Casa de construcción típicamente rumana

Casa de construcción típica rumana

Pero si por algo es conocido Câlnic es por su castillo, patrimonio de la UNESCO. La iglesia de tendencia reformada, la bodega y, especialmente, el campanario, nos transportan a otro tiempo. En pocos lugares he podido experimentar como aquí la sensación de estar atravesando épocas pretéritas o de ciudades inventadas como al subir por las tormentosas y empinadas escaleras de madera, pensando que en cualquier momento podría impedirme el paso algún miembro de la casa Stark. Al abandonar el recinto amurallado me preguntaba si había tenido el privilegio de conocer un reducto del milenario pueblo sajón o la famosa Invernalia. Y para dar fe de mi paso por allí, traje una pieza de cerámica germánica con motivos florales, así como un recipiente donde se bebe la famosa țuică, una especie de orujo de ciruelas de doble destilación, como la palinka húngara, que nos acompañó durante todo el viaje, pues suelen tomarla antes de las comidas, para «abrir el apetito», según dicen. De los gogoși, una especie de jugoso buñuelo con mermelada, no dejé ni rastro.

Castillo de Câlnic

Castillo de Câlnic

Iglesia de Câlnic

Iglesia de Câlnic

Vistas de Câlnic desde el Campanario del Castillo

Vistas de Câlnic desde el Campanario del Castillo

Campanario (Interior)

Campanario (Interior)

 

Festivalul Lucian Blaga (Sebeș-Lancrăm)

El congreso comenzó el día 6 de Mayo, fecha de la muerte del poeta, en la Casa Memorială de Lancrăm, municipio donde nació y está enterrado. En la presentación participaron diversas autoridades académicas y políticas, como viene sucediendo desde su fundación. En mayo de 1982 tuvo lugar el primer «Festival de Poezie», dirigido en aquel momento por Ioan Moceanu, al que le sucedió el actual director Constantin Șalapi. Desde entonces, se ha llevado a cabo ininterrumpidamente, con la presencia de académicos, poetas y filosófos, de la altura de Constantin Noica, así como de familiares como Dorli Blaga.

Festivalul Internațional Lucian Blaga. Ediția XXXVI

Festivalul Internațional Lucian Blaga. Ediția XXXVI

Inauguración del Festival

Inauguración del Festival

El festival está proyectado como un homenaje a la figura del autor desde las perspectivas más heterogéneas, en lo que es, de nuevo, un rasgo particular de la manera de entender la cultura en Rumanía. El primer día, en sesiones de mañana y tarde, tiene lugar la sección de carácter académico, compuesta por diversas conferencias, comunicaciones y presentación de revistas. El segundo día, por la mañana, se divide entre la ofrenda floral a la estatua del poeta, la celebración de una misa según el rito ortodoxo junto a su tumba y la visita a Câlnic donde tiene lugar una recitación de poemas. Por la tarde, de nuevo en la casa memorial, tiene lugar la entrega de premios en diferentes categorías y ofrecidos por las más diversas revistas e instituciones, así otros eventos artísticos que van cambiando año tras año.

Con respecto a la edición de este 2016, dedicada a la filosofía de Lucian Blaga en el contexto europeo del siglo XX, estuvo presentada, a través de una mesa redonda en la que intervinieron el vicepresidente de la Academia Română Alexandru Surdu y el filósofo Eugeniu Nistor, actual profesor de la Universitatea Petru Maior din Târgu-Mureș. Ambos insistieron en la doble línea que caracteriza a este autor: por un lado, su radicación en el corazón de la tradición rumana, que le lleva a formular la teoría del Espacio Miorítico y a convertirse en el primer filósofo rumano que articula un sistema filosófico completo; por otro lado, la dimensión universal de su pensamiento y de su literatura, propia de esa gran generación de intelectuales políglotas, muchas veces exiliados por motivo de la guerra, los genocidios o los regímenes autoritarios, con la que contó media Europa entre principios y mediados de siglo. Para Surdu Blaga nos enseña que el misterio del hombre es superior al misterio del universo. Nistor amplió con una profunda contextualización, indicando las variadas influencias o coincidencias de Blaga con pensadores de la talla de Freud y Heidegger.

Los profesores Surdu y Nistor en la apertura de la sesión de ponencias

El Académico Alexandru Surdu (izquierda, de pie) y el profesor Eugeniu Nistor (derecha, sentado) en la apertura de la sesión de ponencias

Lucian Blaga es recordado por su formulación del espacio miorítico en su Trilogía de la cultura (1944). Se entiende como la realidad topo-ontológica del ser rumano: a través del carácter ondulatorio de la balada popular rumana, la miorița —que idiosincrásicamente significa lo que el romance a Castilla—, Blaga explica el horizonte contrastivo del carácter espiritual dacio, que transita entre la genuina melancolía denominada dor —comparable a la morriña gallega o la saudade portuguesa— hasta la alegría supina, cósmica, que tan fácilmente se puede atisbar en los poemas o espectáculos folclóricos de este país.

De esta sección de carácter más académico ninguna diferencia se puede advertir con respecto a cualquier otro congreso celebrado en otras ciudades europeas, salvando el peso que aquí tienen las diferentes revistas (Acasă, Pasărea Măiastra, Pașii profetului, etc.), que participan en torno a este evento presentando comunicaciones o convocando premios literarios. Estas constituyen, a mi modo de ver, uno de los principales sustratos del festividal desde sus orígenes. Precisamente gracias a una de estas revistas, Dacica Latinitas, fui invitado; y ello gracias a la generosidad de su director, el arriba citado Gheorghe Vințan, una verdadera institución en el marco del festival, por cuanto, al igual que poetas como Ion Mărgineanu, premiado por la Academia este mismo año, participa activamente desde la primera edición.

Gheorghe Vințan en el Centro Cultural Lucian Blaga

Gheorghe Vințan en el Centro Cultural Lucian Blaga

Por mi parte, en el conjunto de las diversas ponencias, intenté aportar una reflexión sobre la ontología poética blaguiana a través, especialmente, del poema «Estalactita» que, desde mi punto de vista, ejemplifica todo el grupo de composiciones que a lo largo de su vida ofrecen una particular poética de la escucha y una relación de la poesía con la ontología y la gnoseología. Con este trabajo, me mantengo en la línea de otras comunicaciones o artículos anteriores en donde venía a sostener la inserción de Lucian Blaga en corrientes europeas como la estética del silencio o las reflexiones sobre el ser y la poesía que tienen en Heidegger, Blanchot o María Zambrano alguno de sus paradigmas.

Tras la entrega de los diferentes premios, tuvo lugar una representación teatral bajo el título Suflet românesc între acum și atunci dirigida por el profesor de la universidad de Cluj-Napoca Ioan Bocsa, notabilísima figura en el contexto rumano en su faceta de cantante de música folclórica. Aquella obra de teatro supuso una culminación extraordinaria del festival, así como uno de los momentos más especiales de mi viaje. De mi maestro José Manuel Pedrosa y de mi adoptiva tierra castellana, he heredado ese amor por la tradición oral, respecto de la cual Rumanía sigue siendo el principal reducto a nivel europeo. La historia que se pudo contemplar hizo revivir a los espectadores otras épocas de su historia como pueblo así como evocar, al hilo de los cantos de las muchachos, el coro de las tragedias griegas. Detrás de tales manifestaciones, se encuentra una realidad panindoeuropea que nos hermana no solo en las formas —alguno de los trajes regionales me recordaron a los que un día llevó mi madre en su Zamora natal— como en los contenidos: la historia de melancolía y amor que se representó es perfectamente reconocible, con sus pequeñas variantes, dentro del imaginario colectivo europeo.

Algunas representantes del Grupo de danza "Mărțisorul". A la derecha , el actor Patrick Negrean

Algunos representantes del Grupo de danza “Mărțisorul” junto a la casa de Lucian Blaga. A la derecha , el actor Patrick Negrean

IMG_1645b

Algunas representantes del Grupo de danza "Mărțisorul"

Algunas representantes del Grupo de danza “Mărțisorul”

A la izquierda el profesor y cantante Ioan Bocșa. A la derecha el actor Ioan Josan

A la izquierda el profesor y cantante Ioan Bocșa. A la derecha el actor Ioan Josan

La casa memorial

También hubo tiempo para disfrutar de la casa memorial de Lucian Blaga que pude visitar con la nostálgica tranquilidad que aquella residencia, y cierta trágica noticia que recibí por aquellos días, demandaban. Estaba en la casa de uno de los padres del concepto de silencio estético del pasado siglo, un autor que, como dijera en su propia lengua al principio de mi ponencia, había pasado a ser un guía, en mis investigaciones y en mis escasos momentos de creación poética, y un amigo, en mi realidad cotidiana.

Placa de la casa memorial de Lucian Blaga

Placa de la casa memorial de Lucian Blaga

IMG_1354b

Quien haya estado ya en varias museos de este estilo —y tengo como ejemplo más cercano el de la Casa Cervantes en Alcalá de Henares— no estará especialmente abocado a la sorpresa, pues todas gozan de un itinerario, elementos y funcionalidad similar. A nivel etnográfico no suelen decir mucho, pues se respira cierta artificialidad, al intuir que la mayoría de los objetos e incluso parte de la estructura del edificio no se corresponde con el original. No obstante, allí estaban varias fotografías, así como manuscritos y borradores de Lucian Blaga, para dar vida al silencioso ambiente, en donde nació la idea de escribir este reportaje.

Contemplar un borrador en la era digital nos parece una operación casi arqueológica, a pesar de que nuestra generación ha sido la que ha experimentó la mutación. Somos muchos los que ya escribimos tan solo a ordenador y, sin embargo, hace solo una década nuestro modus operandi creativo se solía basar en el tópico de tomar papel y lápiz. En este sentido, nunca se podrá advertir del mismo modo la travesía creativa que cada obra comporta: si el borrador a lápiz aporta información a través de las anotaciones, las tachaduras o los dibujos, el borrador del ordenador borra en la mayoría de los casos las peripecias del momento de la creación. Incluso en aquellos casos en los que el escritor contemporáneo resulta meticuloso y trata de indicar las diferentes revisiones que va realizando a través de comentarios, notas al pie, control de cambios, negritas o tantas otras herramientas del propio Office, nunca se podrá comparar a la artesanía de la escritura a mano. En lo que dudo más es en los valores de este tipo de borrador clásico: ¿sentimental? ¿grafológico? ¿filológico?

Con respecto a los borradores de Lucian Blaga expuestos en su casa memorial, sirven al investigador para desterrar las ideas románticas sobre la poesía inspirada. El autor de los poemas estalactita entiende la poesía —pero también las obras de pensamiento o de teatro— como un desarrollo arduo en el que se exige una revisión constante. Algunos de los manuscritos llegan a ser ilegibles, salvándose tan solo unas pocas palabras: palabras esenciales, supervivientes de la erosión que supone todo proceso de reescritura; erosión por la cual Blaga y Brâncuși poseen un mismo sentido de la obra artística. Es por ello que, con tanta razón, Gheorghe Vințan ha colocado a una misma altura a Lucian Blaga y Juan Ramón Jiménez en los diversos actos que lleva realizando desde hace alguna década a través de la asociación hispanorrumana que fundó en España.

IMG_1287b IMG_1280 IMG_1288 IMG_1323

La hermosa, pero afilada —de nuevo como una estalactita— caligrafía de Lucian Blaga ayuda a mantener la tensión entre una escritura antigua y una poesía atemporal.

 

Del centro cultural a la Biblioteca Lucian Blaga. Alba Iulia

Más allá de la motivación emocional este fue, ante todo, un viaje de trabajo en el que se ha tratado de sembrar y de recoger, de tender puentes entre nuestras culturas y de situarlas en su lugar correspondiente.

El congreso había terminado pero no así el trabajo que aún quedaba por hacer. Tras un día de descanso, en el que no se pudo visitar Sibiu por el mal tiempo, el 10 de Mayo nos acercamos a la Biblioteca del Centro Cultural Lucian Blaga de Sebeș y tras varias horas de investigación partimos hacia Alba Iulia, en donde al día siguiente trabajamos en la Biblioteca Județeana Alba “Lucian Blaga”. La atención que nos dispensaron en ambos centros fue abierta y cariñosa. Al igual que en el resto de largos días de congreso, en cada comida, cada acto, cada viaje en autobús, he notado la alegría y la gratitud con que reciben al profesor extranjero que llega para estudiar su lengua y su cultura. Todo fueron atenciones y regalos. Gracias a un intercambio de ideas en mi escasísimo rumano con las responsables de la biblioteca provincial pude conocer el trabajo de George Remete Conoașterea prin tăcere, premiado por la academia o el volumen Marea Tăcere del Pr. Dan Popovici. Sin duda, en lo relativo al conocimiento de lo silente Rumanía es uno de los países que más que tiene que decir: estoy tentado a decir que ha fundado, a veces sin quererlo, toda una Cultura del Silencio.

Mi estancia de dos días en Alba Iulia y mi visita a la ciudad de Cluj antes de coger el vuelo a Madrid suponen el final de este viaje. Ambas son ciudades también importantes en la vida de Blaga. La segunda especialmente, por cuanto allí pasó gran parte de sus años como profesor de la universidad primero y como bibliotecario después, puesto al que fue relegado por las autoridades comunistas a cuya terrible dictadura se le debe gran parte de los males que todavía asolan al país.

Alba Iulia, antigua Apulum romana, aunque previamente asentamiento dacio conquistado por Trajano, llegó a ser la principal de las ciudades de la provincia romana. Su historia de grandeza no acaba aquí, pues ha sido en diversos periodos capital de diferentes territorios, destacando la conversión en capital del Principado de Transilvania entre los siglos XVI y XVII. Posteriormente, los austríacos construyeron aquí una fortificación de dimensiones colosales, única en el mundo en forma de estrella de siete puntas. Aventurarse a recorrer el foso entre los bastiones de ladrillo, puede significar perderse y no encontrar el camino de salida hasta varias horas después. Si arriba se encuentran los restos arqueológicos romanos y los edificios históricos que recuerdan a la arquitectura germánica de Centroeuropa y han sido reconvertidos en museos y universidades; mientras que en el foso, como señalaba contrariado mi amigo Vințan pensando en voz alta «los antiguos muros austríacos conquistados por los pubs y los bares rumanos. ¿Has visto tú la cosa?».

IMG_1907b IMG_1929b IMG_1991b IMG_2000b IMG_2017b

Despedida

Cuando pienso con tristeza que Rumanía es un país por descubrir y que todavía no ha sabido potenciar sus encantos, tanto en relación a su patrimonio como en relación a sus artistas y poetas, me pregunto, por otro lado, si no es precisamente este uno de sus valores, aquel que le ha permitido conservar su identidad. Nos contaban que desde que llegó la supuesta riqueza a las zonas rurales y empezaron a construirse las grandes carreteras la biodiversidad se vio dañada, cortando el tránsito natural de animales como los jabalíes o los osos. Del mismo modo, la despoblación del campo, un proceso que va en aumento, ha dilapidado la transmisión de la cultura oral de unas generaciones a otras. Espero que reportajes como estos puedan contribuir al descubrimiento de la cultura rumana a aquellos que la des o malconocen, no para fomentar la explotación de sus recursos, tanto energéticos —algo que ya se está realizando de manera despiadada por las otras potencias europeas— como históricos —promoviendo un turismo inculto e indiscrimado—, sino para preservar el gran tesoro del Este de Europa.

Agradezco encarecidamente a gran amigo que es Gheorghe Vințan, al director Constantin Șalapi y al resto de organizadores del Festival por su invitación, a los responsables del Centro Cultural Lucian Blaga de Sebes y de la Biblioteca Lucian Blaga de Alba Iulia por su atención afectuosa y a todos aquellos amigos rumanos de España por haberme hecho amar desde hace tiempo su maravillosa cultura.