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La pasión no tiene precio

Javier Alarcón

Hace dos meses, mucho antes de que empezara la Eurocopa, compré una botella de Coca-cola conmemorativa del evento. Las razones por las cuales caí en una estrategia publicitaria tan sencilla son bastante claras: hace unos años, mi madre compró una botella similar que promocionaba el último Mundial. En pocas palabras, la nostalgia pudo más que la razón y terminé cayendo en una de las más tontas trampas publicitarias, consciente, además, de que lo estaba haciendo. No soy fanático del fútbol. Tengo amigos que sí lo son y siguen todas las…