Carlos Ena (Zaragoza, 1988). Autor de Retratos, web serie documental en la que muestra una visión propia de su entorno más cercano, construyendo sin proponérselo una estampa generacional, estar en los veintes o los veintiochos, en este período de la historia tan lleno de cambios y a menudo desalentador. Durante unos minutos podemos asomarnos a las vidas de estos desconocidos, que probablemente se parezcan a las nuestras.

Sin artificios ni pretensiones, Carlos Ena se limita a convertir lo cotidiano en algo digno de ser recordado, para él mismo y para los demás.

¿Cómo llegas a la idea de Retratos?

Hace tres años mis padres me regalaron la cámara con la que los grabo, nunca había tenido mi propio equipo. Básicamente quería grabar momentos cotidianos. Al principio quería hacerlo en ficción, pero cuando la estaba probando, grabando a mis amigos, a mi novia de entonces o a mi familia, me di cuenta de que lo que buscaba ya estaba ahí. Siempre que llevaba la cámara encima grababa, la gente se acostumbró a lo que empezó como una prueba. Probé a editarlo, a ponerlo en blanco y negro, que queda mejor (risas) y fue cobrando vida propia.

Una vez definido el proyecto, ¿preparabas las grabaciones o continuaban siendo improvisadas?

Seguían y siguen siendo totalmente improvisadas. Si llevo la cámara encima grabo lo que en el momento me parece interesante, teniendo en cuenta que no hay ninguna trama que seguir. Si por ejemplo, me voy de viaje a algún sitio, o hago algo fuera de la rutina, sí que voy preparado para grabar pero nunca preparo ni fuerzo la escena en sí. En realidad es un proyecto muy pequeño que podría hacer cualquier persona, resulta terapéutico. Nunca quedo con alguien expresamente para grabarle, de hecho a veces son desconocidos o gente que apenas está en mi vida: músicos callejeros, gente en los bares… Supongo que muchas de las personas que aparecen ni siquiera sabrán que están en Internet.

¿Cómo reacciona la gente, conocidos o no, cuando les grabas?

Depende. Suelo esperar a que se relajen un poco. Entiendo que al principio puede dar vergüenza o no gustarles. Miro a través de la pantalla sus caras de desprecio y sonrío (risas). No, en serio, si es gente que ya me conoce y ya he grabado no hay problema; si alguien me dice que no le grabe, no lo hago; si no me dicen nada sí que lo hago y les saco en montaje. Intento que nadie quede muy mal, si ponen una cara rara en algún momento intento quitarla, tampoco quiero que se vean mal a ellos mismos. En general son gente muy cercana a mi entorno, lo cual lo hace más fácil. Creo que no hay ningún amigo cercano que no tenga grabado y eso mola. Ves tu vida repartida sin estar tú del todo presente, tu entorno sin ti. A mí me entretiene mucho verlo porque es mío, pero creo que para alguien que no los conozca también puede tener su atractivo, ver la vida de otros que, al fin y al cabo, están haciendo las mismas cosas que hacemos todos, y sentirse identificados. Desde Gran Hermano a los youtubers, es algo que nos gusta hacer. No me va el grabarme a mí y contar «pues he ido a esta cafetería y sirven unos cupcakes de la hostia» (risas) prefiero darle una vuelta a la idea y mirar hacia fuera.

¿Con cuánto material en bruto puedes encontrarte a la hora de montar?

También depende. Cada cosa que grabo tiene diferentes magnitudes. Una noche de fiesta puedo grabar quince minutos que pueden no ser suficientes para sacar un material decente y montar un capítulo que tenga sentido, entonces hay que juntarlo con otras piezas que tengan coherencia. Varía mucho de un capítulo a otro. Por ejemplo el capítulo de Ámsterdam fueron cuatro días grabando, terminó siendo el más largo, veinte minutos, porque grabé muchísimo, hasta el punto de tener que ir borrando sobre la marcha cosas que no me convencían porque no me cabían en la tarjeta.

Antes del montaje, ¿tienes ya en mente una idea de lo que quieres, o improvisas?

Mientras estoy grabando me voy haciendo una idea de lo que me va a gustar y lo que no. Si alguien se cae, o dice una cosa concreta que me guste mucho ya sé que lo voy a meter sí o sí. Después tengo que ver todo lo grabado porque normalmente pasan meses hasta que lo edito y no lo recuerdo todo. Para que un capítulo esté bien, puedo estar de ocho a veinte horas visualizando y editando. Los capítulos que voy a sacar este año van a ser más cortos, de unos siete minutos, ya los tengo prácticamente terminados.

¿Por qué ese intervalo de tiempo entre grabación y montaje?

Los primeros capítulos que saqué iban al mes, o a la semana, grababa y montaba. Ahora no. Este último año me he dado cuenta de que iba grabando pero no editaba, lo iba dejando y me he juntado con un año entero grabado. Lo voy sacando poco a poco. Retratos es un pozo sin fondo, es un proyecto al que echo horas que no van a ninguna parte excepto a la satisfacción personal, entonces… tampoco voy a ser gilipollas (risas) tengo que orientarme en otras cosas que ya estoy haciendo, y compaginarlo con algo con lo que me pueda mantener. Está muy bien tener un proyecto personal pero también hay que hacer miles de vídeos de bodas y encargos, así es la vida.

Le dedico el tiempo que puedo —tiempo que, si miras las visitas, es totalmente ingrato— porque me divierte mucho hacerlo. Seguro que tendré épocas en las que lo deje totalmente parado, de hecho he estado ocho meses sin sacar un capítulo nuevo. El proyecto va a seguir, pero me he dado cierta distancia con él. Durante un tiempo me frustré mucho porque enviaba como treinta emails a los medios presentándoles la serie, contestaban dos, uno de ellos me decía que no lo iba a publicar y el otro que sí. Envié otros treinta y después otros treinta hasta que lo han publicado en unas diez publicaciones, pero sin ningún tipo de repercusión. En ese momento pensé, bueno, voy a seguir sacándolo y quiero que vaya junto con mi vida pero no me voy a volver loco, quiero que esté siempre conmigo pero de fondo junto con otros proyectos… aunque sí que he pensado que en algún momento sea una colaboración con una futura publicación cultural, para poder conseguir más visitas. Sé que es algo difícil porque es un proyecto bastante alternativo en el sentido de que no tiene trama y va a gustar a poca gente. Bueno, a poca gente, en realidad no lo sé, se lo he pasado a colegas que me han dicho que no le ven el concepto, y luego hay gente que se los ha visto todos seguidos. Si hay un grupo de personas a las que les gusta significa que algo estás haciendo bien… aunque en este proyecto no es cuestión de hacerlo mal o bien, lo hago como quiero y ya está, no me quiero obsesionar con que guste. Es una web serie documental, no he visto muchas más de este tipo. La gente oye la palabra documental y sale pitando, porque el público prefiere ver algo más distendido y no saben si un documental les puede entretener o no. Y con las web series ocurre lo mismo. Es un mundo que mezcla ilusión y patetismo. Y por qué, principalmente porque siguen las mismas reglas de las series de televisión, las series convencionales, que tienen bastante presupuesto y aún con eso no siempre hacen un buen producto, aunque hay bastantes excepciones (Crematorio, Qué fue de Jorge Sanz, El Ministerio del Tiempo, Cuéntame…). Se transgrede muy poco, y vale que tienen pocos medios, pero con estilo, personalidad y criterio se pueden hacer buenas cosas.

A pesar de ser una serie documental, tiene muchos referentes de ficción. Por momentos recuerda a Los Ilusos (Jonás Trueba, 2013) incluso a Manhattan (Woody Allen, 1979) ¿Qué referencias has tomado para desarrollar el proyecto?

Tal y como empezó todo, y las razones por las que lo empecé, no hay ninguna referencia. Sí que había visto antes cosas que seguían el mismo estilo y me habían gustado. Hay un festival online, Márgenes, donde vi un documental de Ion de Sosa, True Love. Se grababa a él y a su novia, era muy alternativo y experimental, me gustó bastante y ganó, de hecho es la única que vi y parece que acerté. Era un documental tipo vídeo diario. Mucha gente hace proyectos de ese tipo, Jonas Mekas, por ejemplo, aunque no llega a ser lo mismo que Retratos. Más que referencias creo que hay similitudes. A mí Woody Allen me encanta, supongo que puede haber ciertas semejanzas por la cámara en mano, muchos personajes en escena… pero es más un referente como cineasta que un referente para Retratos. Maridos y Mujeres por ejemplo, que me encanta muchísimo, y tiene estética como de falso documental. Me gustaría hacer algo de ficción lo más parecido al estilo documental, pero con una trama.

Los protagonistas son jóvenes que deambulan, muestran su cotidianeidad y comparten referencias culturales, muchos de ellos cercanos a tu círculo. ¿Por qué decides no aparecer apenas y quedar como una figura más externa? Recuerda un poco a la relación que Fellini establecía entre sus personajes principales y el resto.

No voy a ir de flipado, de Fellini solo he visto Amarcord, así que no sé si esa similitud está ahí. La verdad es que no me interesa verme a mí. Esto una visión de nostalgia que veré en el futuro, si llego a viejo, serán solo recuerdos, me interesará ver lo que yo veía, no a mí mismo, es un poco romántico. Por eso yo no aparezco casi, no me parece interesante hacerlo, prefiero captar todo el entorno social. Bueno, a mi familia, por ejemplo, los dejo de lado porque lo empecé a hacer sin que lo supieran. Ahora ya se han enterado, igual debería sacarles, pero parecería algo más doméstico, no sería tan generacional. Aún así, de vez en cuando aparece gente mayor, pero en general los protagonistas han nacido en la década de los ochenta, sobre todo a finales. Es la generación en la que he nacido y tenemos cosas en común que nos han afectado en el mismo momento de nuestras vidas, cuestiones globales que escapan a nuestra situación personal, como la política, la crisis, o la canción de moda en ese momento, lo caro que está el tabaco, lo que sea.

¿Cuál crees que puede ser el «gancho» de la serie? Entre un público joven puede ser fácil que se sientan identificados.

Pues… ¡no lo sé! Porque ¿qué es lo que caracteriza a una persona que le gusta el documental? No es un género tan cerrado, puede tener intención didáctica o contar historias muy potentes, como ocurrió hace tres años con Searching for Sugar Man, El Impostor, Paradise Lost… son historias tan potentes que, aunque sea documental llama mucho a verlo, te van a encantar, así que la gente que acude a ellos lo hace más por temática que por género. Retratos dentro del documental no es ni didáctico ni potente, me recuerda más a proyectos como Mapa, de León Siminiani, que no está nada mal aunque sí que trata sobre el «yo, yo y yo», no sale nadie más: él, sus pensamientos y planos de su viaje por la India. No sé por qué esa película, por ejemplo, ha funcionado tan bien.

¿Puede ser un punto voyeur que todos tenemos? Asomarte un rato a la vida de los demás, aunque no los conozcas.

Sí, sí, sí. Es eso, no sé por qué no he contestado eso (risas). Me estaba centrando solo en la gente que ve documentales, pero puede ser que el público quiera verse reflejado en desconocidos haciendo las mismas cosas que ellos, incluso descubriendo pensamientos cuando alguien dice algo en lo que no habían caído. Puede nutrirte tanto como una conversación interesante con un amigo hasta las tantas de la madrugada.

Hay muchos planos de detalles de los espacios donde grabas, ¿son un documento más o tienen intención narrativa?

Te podría contestar algo super elaborado pero no sé por qué lo hago, llama mi atención y además sirven para situar en el espacio, echar un vistazo rápido a todo como si el espectador estuviese allí. Es algo muy fugaz que te ayuda a meterte en la escena. Lo empecé a hacer por grabar algo antes que a las personas, y también para poder solapar en el montaje el audio de un plano malo, con un buen plano detalle.

Tiene una atmósfera muy melancólica y romántica, ¿es intencionada?

No, supongo que es la visión que tengo sobre lo que está pasando. Cuando empecé la serie estaba en una etapa personal muy completa, estaba muy bien con todo, aunque con el paso de los años me he dado cuenta de que era en parte una fantasía, pero en ese momento todo me parecía perfecto. Igual es por eso, no lo sé. También es producto del montaje, cómo digieres todo lo que has grabado según tu punto de vista, que tienes que intentar que sea relativamente objetivo sin dejar de mantener un estilo. Alterno mucho los planos largos con un montaje acelerado de repente, creo que lo hace más ameno. Con lo que grabo podría contar lo mismo con otro montaje, pero sería mucho más coñazo.

¿Es un proyecto finito? ¿Tiene un «objetivo»?

En principio voy a seguir haciéndolo siempre, incluso me gustaría con la misma cámara. Si continúo con ello puede llegar a ser un proyecto muy interesante, imagínate que continúo durante treinta años, treinta años de material grabado y capítulos montados.

¿Crees que esta serie documental puede ser fuente de ficción? Algunos de los esbozos que documentes pueden ser la inspiración para una historia.

Cuando empecé a grabar con la cámara, las dos primeras semanas que experimenté con ella, grababa a mis amigos y gente que pasaba por mi casa. Hice una prueba con mi novia y un colega, hablaban a cámara como un personaje inventado, Arcadio y Arcadia, que mantenían una conversación en la que nombraban a gente que ya había grabado antes. Con todo lo que grabé esos días hice un corto que alternaba ficción y falso documental, aunque también tenía partes de documental real, con mis amigos hablando. De Retratos no ha salido nada directamente, pero un día mientras grababa al chico de los chicles de semen (capítulo 4) me contó su trabajo final de máster, una cabina de relajación en la que tienes que entrar nervioso, te ponen unos grilletes y no sales hasta que no te tranquilices. Era un proyecto tan loco que quise hacer un cortometraje documental sobre esto. Él vive en Barcelona, pasé allí un fin de semana y lo grabé. Me di cuenta de que daba para más. He ido dos veces más, así que el corto se ha transformado en un largo, lo tengo todo prácticamente, solo falta el final. Así que sí han surgido proyectos a partir de Retratos, aunque no sean ficción.

Además de Retratos, acabas de rodar un corto de ficción, La Unión. ¿Qué puedes contar de él?

En La Unión he querido aplicar la técnica y el estilo visual de Retratos, que es algo muy sencillo, con montaje aplicado a ficción. Básicamente por comodidad, es un estilo que me gusta. Tampoco me quiero quedar solo en él, quiero evolucionar y estoy haciendo otras cosas. Con este corto quería practicar en la ficción porque se me ocurrió una historia para un largometraje de muy bajo presupuesto, pero era consciente de que no había hecho apenas ficción. Quise hacer primero un corto a ver qué tal me defendía, aunque la técnica sea la misma, al ser mucho más extenso te estás jugando más, más tiempo y algo más de dinero. La historia trata de una pareja de chicas que escuchan los gritos de sus vecinos. Se me ocurrió porque mis vecinos en ese momento, ahora ya se han ido, gritaban un huevo, y no te puedo contar el final pero trata sobre la convivencia y sobre los miedos de pareja.

cartel La Union

¿Qué diferencias hay entre el trabajo documental y la ficción?

Para Retratos no necesito ningún tipo de preparación. Para otros documentales sí tienes que hacer una pre-producción muy gorda, investigar mucho sobre el tema, y sobre todo pensar en lo que quieres contar, saber lo que buscas.

En ficción lo tienes que crear todo. A partir de una idea escribir, escribir y escribir, y después intentar que no se vaya perdiendo lo que tienes en la cabeza, que sea lo más parecido al resultado final, lo cual es muy difícil, suele ser imposible. También el equipo de personas que vaya a trabajar contigo, se necesita a bastante gente, aunque yo prefiero hacerlo con los menos posibles, es todo más tranquilo, y más cuando estás en una situación en la que no puedes pagar, y está fatal eso pero al principio no queda otra, es como una apuesta por algo con lo que en principio no ganarás nada pero, con el tiempo, quién sabe.