Dicen que se puede llorar de alegría y, en el caso de algunas culturas orientales, sonreír de vergüenza. En estos días de elecciones –y Eurocopa– asistimos a un repertorio completo de las diversísimas formas de la comunicación no verbal y de paralenguaje ­–y no me refiero a los casos en que la sonrisa forzada o el empleo del lenguaje para sordos se esgrimen pensando en una sutil captación del voto.

Ayer, tras el resultado de las últimas Elecciones Generales, los representantes de los partidos cumplieron con el ritual de entonar la palabra tras andar calladitos, algunos seguramente reventando, en la famosa «jornada de reflexión». Esta jornada, que no se encuentra en países que tenemos por democracias más asentadas, como es el caso de Francia o Estados Unidos, supone un reducto de antiquísimas y para algunos anacrónicas –respecto a nuestro actual modus operandi cultural, sobre todo si observamos su incumplimiento masivo en las redes sociales– prácticas en la que se aprueba un pacto de silencio para favorecer, supuestamente, un ambiente propicio al cuestionamiento de las distintas opciones políticas y a la decisión de elegir un gobernante.

No obstante, no es el silencio que quisiera señalar en esta ocasión –ver más en el artículo de Jordi Pérez Colomé o en el estudio de Magdalena Musial-Karg, El silencio electoral en democracias contemporáneas– pues, volviendo a los discursos pronunciados en la noche y madrugada pasadas, se produjo una vez más el hecho razonadamente hipócrita de que las no-palabras ofrecieron más información que las palabras. El gesto torvo, la contención de los ojos a un ápice del llanto, el rostro confundido bajo la máscara, la sonrisa amplia e incontrolable, el entrenamiento del que no se inmuta, la tensión desencajadadora, el suspiro, el grito y el canto, la faz relajada de quien, aun habiendo perdido otra nueva oportunidad, se ha quitado un gran peso de encima, etc. Todas estas acciones a camino entre el lenguaje y lo paraverbal, entre la voluntad y el impulso natural de una emoción prerracional, tan difícilmente controlables, y cuyas imágenes se pueden contrastar en los periódicos matutinos, ofrecen efectivamente un juicio más aproximado que las mil palabras.

 

#TaceProNobis

(Imagen destadada: http://www.thinkstockphotos.es/)