Natalia Romay suele presentarse como fotógrafa, aunque prefiere considerarse una exploradora: alguien que siempre está mirando; en búsqueda de algo nuevo para experimentar, para reinventarse uniendo los fragmentos que le permitan seguir creando y, así, jugar.

Estudió Producción y Dirección Radial y Televisiva en Buenos Aires y, luego de unos años, hizo un Máster en Fotografía de Autor y Proyectos Profesionales, en Madrid, donde vive desde el 2002. Ahora se dedica principalmente al collage y a trabajar con sus manos.

 

I – Lo general

Siempre habías querido vivir en Europa, y sueles decir que tu familia es de inmigrantes, como muchas en Latinoamérica. ¿Qué te hizo venir a Madrid, en particular?

Desde muy pequeña soñaba con vivir del otro lado del océano. Recuerdo que, cuando llegaba del colegio, pasaba horas infinitas hojeando un atlas, creando rutas imaginarias de los lugares que quería conocer en algún futuro.

Argentina estaba pasando por una situación política complicada cuando decidí venir, y Madrid es la ciudad donde nació y vivió mi padre, hasta emigrar. Mi abuelo todavía estaba aquí, y quería venir a conocerlo. He crecido escuchando historias y viendo en mi casa detalles sobre la ciudad, así que ha sido una constante. Tiene algo especial para mí, aquí hay una parte de mis raíces.

¿Cómo te sientes con Madrid y con Buenos Aires, a medida que pasa el tiempo?

El tiempo va pasando y no te sientes de ningún lugar, como si estuvieses en un punto medio. En algún punto surge también el orgullo de no volver derrotada, de buscarse la vida, de abrirse camino. Aunque me siento totalmente adaptada a Madrid, convivo con ese sentimiento de no ser de ningún lugar, o de varios a la vez. Sé, por ejemplo, que hablo diferente, y estar consciente de esto me separa un poco, aunque tampoco quiero perder mi acento.

De lo audiovisual a lo fotográfico, de lo fotográfico al collage, ¿qué es lo siguiente? ¿En qué dirección más estática, más arraigada puedes ir? ¿Qué implicaciones tiene esto en tu creación y en tu manera de ver el mundo?

No sé qué será lo siguiente. Con lo primero que comencé fue la música, hace mucho tiempo, luego vino la fotografía. Sin embargo, me encuentro hoy en el camino que deseaba. Finalmente descubrí un lenguaje que va más allá de lo fotográfico: el del collage. Poder expresarme a través del mismo me hace sentir libre, liviana, sin límites. Veo el mundo fragmentado en mil pedazos. Somos pedacitos de todo lo que nos rodea, del lugar de donde venimos, de lo que percibimos. Me considero una persona fragmentada que va uniendo sus propios trozos; alguien con un punto de nostalgia, que vive recordando. Siento que estoy compuesta de dos territorios, y a la vez dividida. Quizás por eso me siento tan identificada con el collage y lo utilizo como herramienta de creación.

Dibujo del padre de Natalia Romay sobre los barcos hundidos en Hamburgo

Dibujo del padre de Natalia Romay sobre los barcos hundidos en Hamburgo

Natalia Romay - A la Luna va todo el mundo 4

II – La extrañeza

-Llegaste al collage buscando una manera de expresarte para tu proyecto final del Máster en Fotografía de autor y proyectos profesionales, ¿cierto? ¿Cómo fue este encuentro, y la recepción?

Estaba cursando el máster y me sentía muy perdida con la mayoría de los trabajos que entregaba. Me preguntaba si estaba en el lugar correcto, o qué estaba haciendo allí. Fue entonces cuando hice por primera vez un taller de collage con Sean Mackaoui. Ese fue el momento clave de no-retorno. Ahí entendí que era la técnica perfecta para mí y que la utilizaría para expresar lo que quería en mi trabajo de fin de curso.

Aunque se suponía que me encontraba en una escuela de artes visuales —y yo estaba realizando el máster de fotografía— nada me detuvo para desarrollar mi trabajo con collage porque, en definitiva, se trataba de seleccionar y crear a partir de imágenes. Decidí buscarlas en revistas antiguas y mezclarlas con fotografías de mi archivo personal, para tener una mejor justificación. Luego de este proyecto he dejado de utilizar mis propias fotografías, en la mayoría de mis trabajos.

De todas formas fue un poco difícil, porque causaba cierta extrañeza, y una vez realizada la exposición colectiva, me preguntaban por qué había decidido hacer eso en vez de volcar mi proyecto dentro de las vertientes de la fotografía de autor, para aprovechar el máster. No me arrepiento de mi decisión, siento que tomé el camino indicado, y pasar el año en esa escuela de Artes Visuales hizo que mirara diferente.

¿Qué te pareció revelador y diferente de los collages en relación con tu fotografía?

Trabajé muchas ideas y muchos proyectos que sentía alejados de mí, que no eran tan personales, y no lograba encajarlos ni sentirme a gusto con ellos. Tomar una idea íntima, acercarme a ella y poder articular la historia como yo la recordaba —en el caso de mi primer proyecto como me la había contado mi padre, a la manera de Big Fish me hacía encontrarme a gusto, porque siempre he sido una persona fuera de la tierra, imaginativa, y ahora podía darle forma a estas historias, volver sobre ellas y sobre mis recuerdos, aprovechando eso más fácilmente. Buscaba este cambio de registro.

Me gustaba lo analógico, pero había pasado de eso a lo digital, ya que en un momento dejó de ser rentable, pero me parecía demasiado. Además, cada vez estaba haciendo menos fotos. Y naturalmente buscaba algo más lento, más manual, y creo que en ese momento llegó el collage. Lo más revelador fue precisamente el hecho de que podía crear con mis manos algo diferente, desde una hoja en blanco, desde la nada. En el hacer manual, en general, disfruto mucho del proceso, me atrae lo gestual que existe durante el acto creativo.

¿Qué opinas de reproducir los collages vs. el original único?

De alguna forma creo que la maravilla del collage está en el hacer manual, en el mismo proceso de viajar y transportarme al crearlo, sumando vivencias y fragmentos de lo que soy en una historia, a partir de la nada. Luego de eso creo que está bien para que tenga un mayor alcance, y que al final hay que hacerlo, pero me encanta el valor que tiene el original, su textura, sus características, que muchas veces son imposibles de mantener en la copia. Especialmente cuando agrego elementos como, por ejemplo, una rosa marchita que había guardado mucho tiempo, o partes que se levantan un poco, creando profundidad, y así.

¿Cómo es el mundo de los collage en Madrid? ¿Qué hay en la relación humana de los hacedores de collage?

Cuando empecé no tenía idea, pero hay muchas personas trabajando en esto, cada una a su manera, y también está la Sociedad de Collage. Se organizan eventos, exposiciones, actividades colectivas, presentaciones y, en general, están muy abiertos a compartir y experimentar en el arte del collage.

Natalia Romay - Primavera 0

Collage en el que utiliza una rosa marchita.

III – El proceso creativo

¿Cómo es el proceso de hacer un collage, dónde empieza y dónde termina, qué necesitas?

Tengo una mesa en el salón que puede abrirse y ocupar casi todo el espacio disponible. Necesito tener una mesa grande donde desplegar todos los recortes, papeles, libros viejos y enciclopedias; necesito tener una visión amplia de lo que tengo.

Entonces pongo una hoja, me enfrento a ella con todos los elementos en desorden alrededor. Suelo funcionar mejor dentro del caos, es ahí donde encuentro mi propio orden. Cuantos más materiales tengo a mi disposición, mejor funciona. Entonces básicamente voy poniendo cosas, combinando y viendo cómo me siento con el resultado.

Me gusta estar sola, necesito esa calma y ese espacio, porque si estoy en grupo me pongo a hacer cualquier cosa. Me gusta esa rutina de estar en casa, acompañada de música, y alejarme de todo, aislarme en el collage por muchas horas.

¿Vas con la idea previamente o la encuentras en el camino?

Depende. A veces tengo una idea de algo que quiero contar y a veces juego con los materiales hasta que me dicen algo. Puedo dejar pasar horas antes de quedar satisfecha con la posición de algo en la hoja. Me gusta también probar con nuevos materiales y que, de alguna forma, el collage cuente una historia.

Es verdad que tener una idea previa acota las posibilidades, y es una especie de guía más certera. Pero también me gusta mucho dejarme llevar, y es cuando entra en juego el azar. Cuando haces collage nunca sabes dónde puedes terminar. Eso genera en mí un encanto misterioso y extraño.

¿Sumas poco a poco o sustraes después de agregar mucho? ¿Es siempre igual o diferente?

Voy sumando poco a poco. Siempre intento utilizar pocos elementos, para crear imágenes limpias. Sustraigo cuando creo que algo resta en lugar de aportar. Manejar los blancos y transmitir una idea con simpleza es lo más complicado. No me gusta lo barroco ni lo sobrecargado.

¿Cómo sabes cuándo está terminado?

Suelo pasar días con cada collage, dejándolo y volviendo a él. Busco que, de alguna forma, ese caos vaya contando una historia, ordenándose hasta que más o menos quedo satisfecha. A veces me gusta lo que creo y otras no, siento que nada ha logrado encajar bien y que no transmite. No sé por qué, es algo que sucede.

Natalia Romay - Travesía Circular 3

¿Qué materiales utilizas? ¿Hay algo que te interese agregar o cambiar de ellos?

Me gusta que haya cada vez menos elementos y que la historia esté clara, pero me gusta agregar diferentes materiales. Me da curiosidad trabajar con varios de ellos, como de hecho hacen algunos otros artistas del collage con los que me llevo muy bien. También utilizo materiales más o menos pesados, cosas que encuentro en la calle, y casi lo que sea. A veces me pregunto si tengo el síndrome de Diógenes. En ocasiones es complicado porque el collage resulta muy pesado, o algunas cosas se despegan con facilidad.

En general procuro usar pegamento con pH neutro (como las típicas barras de pegamento que todos usamos de niños), pero también tengo algunos en spray, que no tienen pH neutro, pero que dan la oportunidad de pegar y despegar los materiales y dejan todo más liso, mientras que otros son más definitivos. El pH neutro hace que la hoja no se vuelva amarilla con el tiempo, o por lo menos que resista más años. Todos estos detalles afectan un poco, también, la forma en la que hago el collage.

¿Piensas usualmente en una serie completa? ¿Es igual que como solían ser tus proyectos fotográficos?

Aprendí la importancia de eso en mi máster, y en realidad me resulta muy útil pensar en series concretas o proyectos cerrados, para luego ofrecerlos, pero también trabajo con piezas sueltas.

Mencionas algunas veces el surrealismo, ¿cómo te relacionas con este movimiento?

Me parece muy interesante. Me gusta toda la idea del juego y de la creación, la importancia que le dan al azar, y además la importancia de los collages. Además, recuerdo una anécdota de mi padre, cuando él tenía 6 años, en la que dice que vio a Dalí paseando una pantera por la Puerta de Sol, justo en el km. 0 de Madrid, y que tenía una asistente que se encargaba de echarle un líquido en los bigotes. No tuvo más relación con él que eso, pero hice un collage para A la luna va todo el mundo con esta historia.

Dibujo del padre de Natalia Romay sobre su encuentro con Salvador Dalí

Dibujo del padre de Natalia Romay sobre su encuentro con Salvador Dalí

Collage basado en la anécdota de su padre sobre Salvador Dalí

Collage basado en la anécdota de su padre sobre Salvador Dalí

IV – A la luna va todo el mundo

A la luna va todo el mundo es tu primer proyecto, ¿no? Pero de dónde viene, ¿de qué otros proyectos fallidos se reconstruye, de collages sueltos, de ideas desperdigadas?

Pensando en qué trabajo podía realizar para el máster, me encontré con varias ideas que me resultaban muy distantes y no me satisfacían. Descubrí que lo que me funcionaba era contar algo cercano, algo que vivía en mi interior. Tomé las historias que me contaba mi padre de sus viajes cuando era pequeña y las hice mías, reinterpretándolas a través de mi imaginación. Así, todas esas cosas distantes quedaron atrás, y también las ideas de hacerlo en fotografía, o con montajes, porque me parecía ridículo rehacer búnkers y otros espacios para tomar las fotografías con personas posando, basándome en los recuerdos de las historias de mi padre. Todo dependía tanto de la imaginación que sentía que tenía que ser en collage, y así poco a poco fue tomando forma, justo a tiempo para la entrega definitiva. Previamente había grabado a mi padre y editado algunos audios de sus historias. A la Luna va todo el mundo es mi primer proyecto resuelto en collage.

¿Por qué A la luna va todo el mundo?

Eso fue lo más complicado. Estaba haciendo un curso en el que teníamos que hablar de nuestros proyectos y a medida que íbamos acercándonos a la fecha final, todavía estábamos los que no teníamos nombre y teníamos que elegir urgentemente, yo no me decidía. Estaba segura de que quería un nombre largo para que diese la sensación de ser un cuento, porque las historias son muy importantes en el proyecto. Tenía muchas opciones y juntaba muchas palabras, hacía listas y tomaba sugerencias, pero al final quedó este. Me parece que salió de un libro de Julio Verne que estaba leyendo en su momento, parafraseando algunas cosas. La idea es que cada quien pueda interpretarlo como quiera, pero lo que también quiero decir es que con la imaginación puedes viajar a cualquier lugar. Además, ¿quién no ha ido a la luna alguna vez? Es un título extraño, lo sé.

¿Qué hay en el proceso de construir la historia, de extraer los fragmentos? ¿Hacías bocetos, trabajabas directamente, ensayabas cuestiones?

Mis bocetos fueron más bien mentales. Tengo la imagen de cada historia en mi cabeza desde niña. Hice una selección de sus anécdotas más relevantes, que en su día me causaron mucha curiosidad, y a partir de eso, comencé una búsqueda intensa de imágenes, trozos de papel, fotografías propias, todo lo que me fuera necesario para poder transmitir cada relato suyo. Me interesaba en especial unir esos territorios en los que él había estado de la manera como yo los imaginaba, manteniendo siempre la estética e intentando crear obras visualmente atractivas, respetando siempre la extrañeza que quería causar. Mi objetivo era ser lo más fiel posible a mi imaginación, porque en definitiva convivo con esas historias desde que nací y el propósito de este proyecto es justamente conservar de alguna forma los recuerdos de mi padre, a modo de homenaje.

dibujo del padre de Natalia Romay sobre los viajes en barco de sus primeros dibujos

Dibujo del padre de Natalia Romay sobre los viajes en barco de sus primeros dibujos

¿Quién es tu padre? ¿Cómo es tu relación con él?

Siempre que veo Big Fish, siento que me recuerda mucho a mi padre. Nuestra relación es buena y, de hecho, hizo algunos dibujos a partir de los cuales trabajé en los collages, y que me gustaría mostrar en alguno de los montajes, junto con el collage que es el resultado de sus historias, sus dibujos, mi imaginación y mi trabajo. Mi padre es español, pero vivió más de cincuenta años en Argentina. Además, siempre ha viajado mucho y de cada uno de estos viajes siempre volvía con anécdotas en las que se mezclaba lo real con lo fantástico. Siempre quedaba la duda de si eran cuentos o historias vividas. Cuando vine a Europa visité muchos de los sitios en los que él había estado y de los que me había contado.

¿No tenías miedo a llevarte una desilusión?

Para nada, al ver las cosas que eran seguramente distintas a lo que imaginaba, iba a los lugares y encontraba que la ilusión que tenía se enriquecía con lo que veía, que también lo veía un poco como él lo contaba. Luego sí, igual había desencantos y había partes que no me gustaban, pero tenían el valor de sus historias. De alguna forma hablo de él y de mí también en estos collages, porque creo que su historia y la mía son paralelas pero al revés, en cuanto a las migraciones, hemos trazado el camino inverso. ¿Quién sabe dónde termine yo en unos años?

El collage es una herramienta para unir los fragmentos, dices, y pensar es recordar. ¿Qué concluyes de este proyecto? ¿Lo ves como algo cerrado, unitario y completo ya?

No, para nada. Sigo trabajándolo y hay muchas historias más que contar e, incluso, collages que he hecho para la serie y no he mostrado en los montajes que hice. Hay muchas más historias; mi padre tiene más vidas que un gato, es casi inagotable. Además, ahora que está algo mayor, le pasan otras historias correspondientes a eso pero igualmente fascinantes y que me gustaría contar también.

¿Cuántas piezas hiciste? Si no las mostraste todas, ¿cómo seleccionaste las historias?

Para crearlas seleccioné las que más sonaban en mí y que mejor recordaba, las que más había escuchado, procurando tomar historias de varios momentos de su vida y que, por lo tanto, hacían eco en momentos de la mía, también. Quería que fuesen historias con un interés universal, que todas las personas pudiesen ver los collages y relacionarse con ellos de alguna manera. Luego, para los montajes conté con la ayuda de quienes se encargaban de los espacios, y también dependía mucho de cómo quedaban en cada lugar, cómo era el espacio y a veces me sugerían quitar algunos que me gustaban mucho y luego me quedaba con ganas de mostrarlos, pero a la vez agradecía que hubiese una cierta unidad de color o de estilo, porque en ocasiones resultaba muy difícil encajar ciertos collages por alguna gran diferencia cromática o de estilo que no lo hacía posible en el espacio. Hay cierta flexibilidad en ese montaje.

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Hay también instalaciones sonoras y espaciales, ¿cómo se relacionan estas con los collages, con tu proceso para contarnos algo? ¿Es la voz de tu padre? ¿Qué relación tiene con la guerra?

En una de las exposiciones de A la Luna va todo el mundo (en Espacio B), combiné una instalación sonora de la voz de mi padre con las obras sobre pintura negra, en un cuarto que simulaba ser el cuartel general de Hitler, mostrando así las dos versiones de una misma historia: una a través de mi voz, materializada en collage; otra a través de la voz del propio protagonista, mi padre.

Algunas de las anécdotas que elegí han sucedido en Alemania, aunque nunca menciono en los textos de cada collage el lugar donde acontecieron, sí que intento relacionarlos, sin dar demasiadas claves, con un momento histórico con el que cualquiera puede sentirse identificado, o tal vez percibirlo más cercano por tener un conocimiento previo. De todas maneras, la interpretación del espectador es totalmente libre, y eso es lo más bonito. Algunas personas relacionaron estos collages con la guerra y hasta algún momento muy preciso, pero otras no.

Hay algo en esas cuestiones que es también político, pero no de enfrentamiento sino de evasión. ¿Cómo te relacionas con la política después de estar tan acostumbrada a estos movimientos migratorios? ¿Qué opinas políticamente?

Con la imaginación nos evadimos todos. Me confieso practicante de ese estado de evasión, apolítica por completo. Prefiero creer en otras cosas, como en la energía que fluye entre la gente cuando se une para crear algo positivo. El panorama político mundial es una payasada y hasta peca de parodia.

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Hay ciudades y puertos, viajes, ¿tiene que ver con tus fotos, con lo que te motiva? Son excursiones de las que no se regresa, dices, no se vuelve nunca de la misma manera. ¿Cómo ves estos recorridos en tu padre, en ti misma?

De alguna forma quería unir los territorios en los que había estado ya, gracias a los recuerdos de mi padre. Conectar todos esos fragmentos. Yo crecí oyendo historias de otras tierras, y siento que cuando mi padre volvió a España también se sentía fuera de lugar. A mí eso ya me pasa un poco cuando vuelvo a Argentina. Te sientes como entre dos tierras y de alguna forma estás en un lugar aparte que es de ti misma, como flotando, y creo que siempre me ha gustado esto porque es algo que crecí viendo y escuchando, así que me motiva viajar y saber que nunca eres la misma. Mi familia es una familia de inmigrantes, y hay muchos detalles en eso que me hacen no sentirme de ninguna parte. Y al final te das cuenta que el lugar es uno, somos nuestro propio lugar.

¿Cómo es el montaje de la exposición? ¿Lo piensas para ser visto, eliges los materiales, el orden, lo que quieres contar?

He pensado muchas cosas y luego algunas las voy dejando fuera, otras las incluyo, otras cambian dependiendo del espacio. Por ejemplo, están los dibujos de mi padre, que siempre había dibujado y que era una forma de que él participara también directamente en esta exposición que es sobre él, pero no los he terminado de exponer todavía por diversas razones.

Pienso la forma, pienso que debe tener una estructura más o menos coherente, que no desentone, y hasta los materiales con los que se monta. Todo es parte de la presentación, de lo que quieres decir, de cómo te tomas el trabajo y todo eso influye en la historia que compartes. Las primeras veces que la monté me tomó mucho trabajo, invertí mucho tiempo y esfuerzo para que quedara todo perfecto y se viera muy bien. También me gustaba, para este proyecto en particular, que los collages quedaran como flotando a mitad del cuadro sobre passepartout negro, recreando un sueño.

Dibujo del padre de Natalia Romay sobre su visita a la Torre Eiffel, que vio congelada

Dibujo del padre de Natalia Romay sobre su visita a la Torre Eiffel, que vio congelada

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V – Otras exploraciones

Uno de tus otros proyectos es Mutantes. ¿En qué consiste? ¿Cómo surge?

Surge mucho de jugar con varias cosas. Me gusta lo viejo y recolecto muchas enciclopedias y materiales a los que de alguna forma les doy otra vida. Me gusta eso de reciclar imágenes antiguas, o libros que ya no tienen casi ningún valor. No uso entonces nuevas imágenes sino que transformo estas viejas. Mutantes es sobre todo un juego en el que modifico un retrato —de estas personas de la historia que para mí son totalmente desconocidas— y, sin más, me dejo llevar para darles otra posibilidad. No es más que un simple juego.

¿Trabajas en algún otro proyecto?

Ahora mismo tengo dos proyectos: El territorio inventado, que consiste en crear un nuevo paisaje/territorio para los fotolibros publicados en España sobre todo, pero también en otros países, recortando las imágenes del propio libro. Es un homenaje al trabajo de otros fotógrafos. Por otro lado, estoy trabajando en un proyecto junto a Sebastián Salvador, músico y compositor argentino, que saldrá a la luz en julio, donde ilustro en collage sus canciones, a partir de fragmentos de sus letras.

Travesía circular, proyecto colectivo

Travesía circular, proyecto colectivo

¿Qué elementos y formatos te gustan más? ¿Por qué?

Me gusta utilizar la menor cantidad posible de elementos, cuando puedo. Por lo general tiendo a eso. Me encantan las diferentes texturas de los papeles, voy probando. Este año también intervine por primera vez una enciclopedia, con otra fotógrafa, y fue una experiencia preciosa. Creo que hay infinitas posibilidades de superficies para crear y pegar collages. De momento, el papel y los libros son lo que prefiero. En cuanto a los formatos, reducidos, de A4 a menor escala, aunque hice algunos más grandes. Además, lo que te decía, me gusta utilizar materiales que pueda reciclar, que se vean viejos o desgastados.

¿Qué otras ideas compartirías, qué ideas te dejarías robar, qué ideas has intentado y han fracasado, qué te gustaría lograr como artista del collage?

Lo ideal sería poder vivir de esto a tiempo completo. Aunque disfruto de tener tiempo libre para idear y llevar a cabo proyectos personales sin que sea algo obligatorio y rutinario.

No me importa que la gente copie o robe, porque en definitiva todo se retroalimenta, y todo ya esta hecho, lo importante es reinventarse cada día para no repetirse tanto. Dejar de estar pendiente de los demás, y por supuesto, nunca dejar de hacer. 

El collage es un trabajo fragmentario, como dices, pero también te interesa el trabajo colectivo. ¿Cómo trabajas en ello cuando creas una obra en conjunto? ¿Cómo llegas a las conclusiones que usualmente tomas individualmente? ¿Qué experimentas distinto en esta manera de crear?

Por un lado me gusta la soledad cuando estoy creando collages; sin embargo, disfruto mucho de los trabajos colaborativos. Pienso que el trabajo en conjunto es de lo más enriquecedor, donde compartes y aprendes a ver desde otras perspectivas, donde hay un intercambio de ida y vuelta y, generalmente, excepto en ocasiones, estás allí mismo en contacto con otras personas afines.

En cuanto a este tipo de proyectos comparto con otras compañeras un fanzine que se llama Ropa Tendida, de publicación cíclica, y un colectivo artístico de proyectos de hacer manual llamado Algas en la Sopa. En ambos tenemos que tomar decisiones en común, y en el camino aprendemos día a día a ceder, a dar, a dejar que todo fluya con un sentido. Me gusta reivindicar el trabajo manual en ambos colectivos y en mi trabajo. Creo que, igual que en collage se unen fragmentos, también en esto mezclamos distintas artes siempre con una idea en común.

¿Qué es lo más extravagante que te gustaría hacer con un collage, por ahora?

Creo que me gustaría hacer un collage gigantesco, como un mural. Es algo que no he hecho antes, y suelo trabajar en pequeño, así que sería un gran cambio.

Natalia Romay - A la Luna va todo el mundo 3 Natalia Romay - Travesía Circular 9

www.nataliaromay.com

@NatiRomay