Hace ya unas semanas que los medios publicaron el escándalo: Steve McCurry, pillado. Fotoperiodista y una de las joyas de la corona de National Geographic, acusado de manipular muchas de sus fotografías originales; no solo la luz y el color, también figuras eliminadas de la imagen para no estropear la composición.

Partiendo de que un fotoperiodista no es, técnicamente, un artista, y de que ante todo se le supone sincero con su trabajo, me gustaría compartir mi humilde impresión sobre el tema.

En mi opinión, el fallo de McCurry no ha sido tanto el uso de Photoshop, como el hecho de no reconocerlo abiertamente, dando a entender a todos los detractores que ellos están en lo cierto y él ha hecho algo terrible. Las críticas en las redes son realmente duras: acusándole de estafador, pidiendo el cese de su pertenencia a Magnum y National Geographic, y la retirada de todos sus premios. Una de las palabras que más se repite en estas críticas es honestidad, un concepto demasiado amplio como para limitarlo a que las imágenes hayan sido o no manipuladas.

Creo recordar que fue William Eugene Smith (también fotoperiodista, defensor de la visión subjetiva) quien dijo que, a veces, para decir la verdad, hay que mentir. La honestidad no está solo en una fotografía perfecta sin recurrir al retoque, está también en el compromiso y el respeto con lo que se está retratando. Tengo mis dudas sobre hasta qué punto eliminar un objeto que sobra en la composición es una falta de honestidad, siempre que no manipule los hechos ocurridos. Un encuadre, elegir qué se queda dentro y qué fuera, ya es una manipulación, la naturaleza de la fotografía es mentir.

No deja de llamar mi atención la poca tolerancia ante los errores, no solo de los fotógrafos sino también de los artistas en general, como si todo lo que hiciesen debiera estar a la altura (material y moral) de su obra más brillante y, si no alcanzan ese tope, están perdidos. Parece que cada temporada hay que desenmascarar a un autor. En el caso de la fotografía, quizás deberíamos empezar a pensar más en qué nos quieren contar los fotógrafos con su trabajo, en vez de seguir jugando al gato y al ratón.

Insisto en que no creo que la respuesta de McCurry haya sido la correcta ante el escándalo, pero no por ello se deben echar por tierra años de trabajo, un trabajo con mensaje que ha conseguido la movilización de ayudas humanitarias, después de hacer visibles problemas ajenos a la sociedad occidental.

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Imágenes: www.cnn.com