Ya estamos en la mitad de uno de los mejores años para quienes somos fanáticos de los superhéroes. Si bien todavía faltan algunas producciones importantes por estrenarse —Suicide Squad de DC y Doctor Strange de Marvel, por ejemplo—, creo que es seguro decir que los estudios ya han utilizado sus armas más poderosas, y no puedo dejar de preguntarme cómo ha quedado el campo de batalla. Porque, no hay que ser ingenuos, más allá de las luchas que protagonizaron en las pantallas, existe una competencia por detrás de cámaras que no podemos dejar pasar desapercibida.

Sin duda, uno de los más grandes eventos del años fue el regreso de Batman a la gran pantalla en la secuela de Man of Steel (2013), Batman vs Superman: dawn of justice. Esta película, además, busca fundar las bases para el universo que construirán las futuras producciones cinematográficas de DC. La recepción, sin embargo, fue ambigua. Por un lado, los críticos no dudaron en señalar los defectos de la trama y, en general, de toda la producción. Sin embargo, la batalla entre los dos titanes logró atraer la atención del público, que, a pesar de las reseñas, estuvieron dispuestos a perdonar los vacíos, los efectismos y los giros forzados del guion. Más allá, la película recoge el espíritu que a mí, en lo personal, siempre me ha resultado divertido de las historias de superhéroes: desde el ritmo apresurado hasta los vuelcos enrevesados y a veces inverosímiles que no resultarán extraños para nadie que conozca el género. Quiero aclarar que con esto no estoy diciendo que la película sea buena, o que se deba perdonar en una producción de este tipo, enfocada a un público tan amplio, errores que simplemente no se pueden pasar alto.

Más allá, y en esto los críticos y el público estuvieron de acuerdo, la dirección de Zack Snyder es increíble, sobre todo en lo visual y en su capacidad de hacer guiños intertextuales a los referentes originales, los comics.

Pero esta no fue la única película que enfrentó a dos figuras legendarias del mundo de los superhéroes: Marvel trajo su adaptación al cine de Civil War. En tanto que ya dediqué un artículo a esta película, no me detendré demasiado en analizarla. Sin embargo, no podemos dejar de decir que, haciendo a un lado las comparaciones con otras películas de este universo, mantiene la calidad a la que nos tiene acostumbrados Marvel. Es efectista, como cualquier película de superhéroes. Mas el guion, repleto de humor, se las arregla para no empalagar y, más importante, sabe llevarnos a las escenas de acción sin que nos resulten forzadas —algo que Batman vs Superman definitivamente no logró.

Quizá uno de los problemas que podemos apreciar en este choque de titanes, DC y Marvel, es la ventaja que el segundo tiene sobre el primero. Para el momento en que se estrenó Man of steel, Disney llevaba cinco años construyendo las bases del universo ficcional de Marvel. Este año, DC intenta ponerse al día y sentar las bases del megaproyecto que contará la historia de la Liga de la Justicia, pero tiene que hacerlo mientras compite con una franquicia que ya está instalada desde hace tiempo en las salas de cine. No podemos olvidar que la mayoría de las primeras producciones de Marvel también dejaban mucho que desear —y sigo esperando una buena película de Thor. Sin embargo, para el momento en que se estrena Civil War, esta franquicia ya ha definido un estilo y encontrado las herramientas y el equipo para garantizar producciones de calidad. En pocas palabras, en su última película, DC intenta atacar tantos frentes, que el resultado es una película con unos efectos visuales envidiables, una dirección muy bien lograda y un guion bastante tosco, por no decir malo.

Mientras tanto, Fox ha traído la que es, quizá, la mejor película de súper héroes del año, y una de las mejores del género: Deadpool. Retomando algunos de los elementos clásicos del personaje, los quiebres metaficcionales y el humor, este film posee una calidad incuestionable. Es una parodia del género; se ríe, no solo de los lugares comunes de este tipo de producciones, sino también de sí misma. Pero no solo presenta una buena trama, Deadpool ha sido un éxito de taquilla superior a Batman vs Superman. Además, logra hacer algo que no habíamos visto desde Batman begins (2005), narrar el origen de un superhéroe de una manera inteligente y, además, que no aburre.

No creo que este film llegue al nivel de la trilogía de Nolan, sobre todo si consideramos The Dark Knight (2008). Pero, sin embargo, logra brillar entre las demás de su clase. Sobre todo si consideramos los fracasos que ha tenido Fox los últimos años —el reboot de Spiderman y el de Fantastic 4, por nombrar algunos. Esta nueva producción, muy bien lograda y de un éxito incuestionable, ha traído a este estudio de vuelta a la batalla. Sin embargo, con X-Men. Apocalypse parece haber dado un paso atrás: con una trama algo simplona, esta última entrega de la saga no llega al nivel de su antecesora, X-Men. Days of future past (2014).

Uno de los puntos más interesantes de estas producciones es la manera en que construyen un universo ficcional. Tanto DC como Marvel —tanto con Disney como con Fox— han creado megaproyectos que tomarán años (hasta décadas) en desarrollarse. En consecuencia, la relación del público con estas sagas se parece más a la que producen las series televisivas: no solo por la continuidad que espera la audiencia en la historia, sino por la lealtad que los hace volver a las salas de cine aunque la última entrega no haya sido tan buena. Sin duda, los más beneficiados son los grandes estudios, que siguen aprovechándose de un público freaky que, a la hora de enfrentarse a películas de superhéroes, parece estar dispuesto a renunciar a su sentido crítico.