Cuando un tema comienza a obsesionarte, de repente todo lo que te rodea parece guardar relación con él. Estos días, en los que ando dando mil vueltas a los espacios vacíos, la nostalgia, los recuerdos y su transformación en forma fotográfica, ha llegado a mi archivo de autores Daniel Blaufuks, fotógrafo portugués (Lisboa, 1963) cuyos temas principales giran en torno a la relación entre el espacio y el tiempo, lo que dejan tras de sí los espacios públicos en la memoria privada.

El primer trabajo de Blaufuks al que he podio asomarme es Toda la memoria del mundo, parte uno (en el Centro de Historias de Zaragoza hasta el 14 de agosto), exposición dedicada a la memoria individual y fictícia del Holocausto, en varias formas: fotografía, vídeo, literatura y archivo online.

Tomando como guía temática la novela Austerlitz (W.G. Sebald, 2001), la exposición contiene un enorme conjunto de fotografías, algunas de archivo y otras del propio Blaufuks, con las que el autor crea un «atlas de imágenes», como él mismo lo llama: un mapa sobre el que explorar distintas formas de mirar, y buscar las variaciones en torno a un mismo tema, que en este caso han dado lugar a cuatro visiones diferentes sobre el Holocausto. Este gran conjunto de imágenes nos incita de manera constante a la reflexión presente, a través de un recuerdo que consigue formar en nosotros una memoria propia sobre algo que no hemos vivido: en vez de reafirmar el valor documental de la fotografía como verdad, se insiste en su capacidad de trucar y engañar, manipular lo real para que creamos la «mentira» construída.

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La exposición termina con As if, como se als ob, documental de cuatro horas y media en el que vuelven a mezclarse documentos de archivo con grabaciones del autor, que ha recorrido ciudades muy tocadas por la Segunda Guerra Mundial y antiguos campos de concentración, o lo que queda de algunos de ellos: entre las paredes que han contenido tanta muerte y  horror, se imponen ahora la naturaleza y un silencio tenso.

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Profundizando en el trabajo fotográfico de Daniel Blaufuks, me he encontrado con unas imágenes frías visualmente, silenciosas y con la huella humana presente en cada una de ellas. Ante la escasez de retratos, parece que lo que más interesa a este autor es registrar la tranquilidad que la acción deja tras de sí, independientemente de que dicha acción haya sido más o menos agitada. La luz de sus imágenes, casi nunca directa, y muy suave, transmite a la perfección este estado de los espacios. Fotografías muy recomendables cuando se está necesitado de silencio.

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