El inglés en España es algo especial, sin duda. Hemos escuchado a políticos hacer el ridículo con él, hemos visto a personas intentar defenderse en el bar, y hemos visto siglas y palabras mal usadas sin comprensión. También hemos intentado pedir la clave del wifi. A pesar de su bajo porcentaje de hablantes, en los últimos años parece estar impregnado por la fascinación de estar justo en la frontera del lenguaje conocido, en el intento por encontrar la manera de pronunciar esas palabras tan misteriosas, y esa extraña lejanía que tienen países como Estados Unidos, pero que siempre nos bombardean con su cultura.

¿Cuál es el misterio? Cuando he dado clases del idioma he visto que, bien enseñado, puede conseguirse que los alumnos aprendan con rapidez y sin ninguna dificultad particularmente especial. Quizás es que, en su búsqueda de nativos, pierden a alguien que haya aprendido también el idioma con consciencia. ¿Quieres clases? Aprovecho para hacerme publicidad, porque además ahora hablaremos de la publicidad, el lugar donde más palabras en inglés podemos encontrar, al hablar español.

Resulta que la RAE dice que la publicidad está plagada de expresiones en inglés, y la Academia de Publicidad parece asentir, claro, sí, lo que digas. Si lo pensamos, mucho de lo que conocemos de publicidad (y en especial para la publicidad española) viene de Estados Unidos y de los países angloparlantes. Puede intuirse, entonces, que las palabras que alcanzan a estas personas que, aquí de este lado del mundo, se dedican a la publicidad, puedan traducirse o no. Pero si nadie empieza, y no saben traducirlas, comienzan a llenarlas de un significado y un valor mayor, que es lo que critica el spot publicitario que han sacado para esta ocasión. Se es más cool con el anglicismo, porque no se entiende. Y aquí el problema: hay un miedo de entender.

La RAE se lanza, entonces, (guiada por la visión alucinada de la publicidad) contra la gente que, creyéndose cool, usa palabras en inglés en vez de traducirlas realmente. ¿Cuál es la diferencia entre mercadeo y marketing, por ejemplo, qué alguien me ilustre? Lo mismo pasa, de cierta forma, en ciertas artes de las cool… ¿Dónde están los que hacen happening y performance sin haber siquiera jamás pensado en lo mundanas que son estas palabras en su idioma original, y lo supremas que ellos las consideran en español, justificándolas como intraducibles, y cargándolas «de más significado y un no-sé-qué»?

Puede que la solución esté en buscar las palabras y en encontrarles una traducción, nueva o vieja, y que se haga lo mismo con las palabras que creamos, y a las que agregamos nuevos contextos: algo significan, sea en inglés o en español. La globalización está aquí, y hemos de asumir que algunos idiomas adquieren sus imperios y luchan por ellos. ¿Cómo puede alterarse eso, si se quiere alterar? ¿Quién gana, entonces, en estos enfrentamientos del lenguaje? La cuestión está en cobrar consciencia.

At this point they came in sight of thirty forty windmills that there are on plain, and as soon as Don Quixote saw them he said to his squire, “Fortune is arranging matters for us better than we could have shaped our desires ourselves, for look there, friend Sancho Panza, where thirty or more monstrous giants present themselves, all of whom I mean to engage in battle and slay, and with whose spoils we shall begin to make our fortunes; for this is righteous warfare, and it is God’s good service to sweep so evil a breed from off the face of the earth.”

“What giants?” said Sancho Panza.

“Those thou seest there,” answered his master, “with the long arms, and some have them nearly two leagues long.”

“Look, your worship,” said Sancho; “what we see there are not giants but windmills, and what seem to be their arms are the sails that turned by the wind make the millstone go.”

(Don Quixote, chapter VIII)

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