I

¿Qué es Microteatro por dinero? Una empresa. ¿Qué es el microteatro? Un formato, con una serie de características, que han acuñado y difundido, dentro del teatro breve. ¿Qué es el teatro breve? Una forma de llamar al teatro de corta duración, que a lo largo de la historia, con distintos rasgos y atributos, ha cambiado, asumiendo diversos roles.

En España, el microteatro —convengamos en llamarlo así— encuentra un momento adecuado en el que brotar y expandirse. Mientras otros se quejan de que no hay público, en Microteatro por dinero se alegran de sentir que «lo están creando», y que muchas personas que se han mantenido ajenas al mundo del teatro se acercan, con cautela, a estas funciones de quince minutos, y hasta salen contentas con lo visto.

Las reglas son sencillas: entre diez y quince minutos, una historia; en un espacio de alrededor de quince metros cuadrados y para, como mucho, quince personas que entren, bastante apretadas, en la misma habitación donde sucederá la obra. Para elegirlas, se espera de ellas lo que de un buen guión de teatro largo: la estructura dramática, los giros adecuados, la elaboración del personaje, la viabilidad y el riesgo. Verónica Larios, gerente y socia de Microteatro por dinero nos comenta algo más sobre lo que buscan: «que sean arriesgados en la propuesta, que mezclen, que hagan un planteamiento diferente; no es fácil recibir este tipo de obras».

¿Qué es fácil recibir, nos preguntamos nosotros? Buena parte de la cartelera de este mes, y de la mayoría, se clasifica como comedia. ¿Es más fácil para el formato, para el espacio mismo? O quizás para los actores, o los productores, o el público. El caso es que todo el mundo echa la culpa a alguien más. Reciben pocos dramas, nos dice Verónica Larios, y también es verdad que el público pide comedia al llegar a la taquilla. «Aunque les intentes vender otra obra muy interesante —dice— el público parece huir automáticamente de los otros géneros, incluso con que menciones tragicomedia, ya en el tragi están huyendo».

Los actores coinciden en que la comedia parece ser siempre mejor recibida. La gente está cansada de ver tanto drama y crisis afuera, plantean, así que solo quieren ser entretenidos; quieren ver algo ligero, que los haga reír y no pensar más en lo difícil que está todo. Así son las crisis, dicen algunos, siempre llevan al hombre a la comodidad en el arte, para olvidarse de lo real.

Sin embargo, Larios nos cuenta que, curiosamente, muchos de los asiduos al microteatro, cuando comentan la obra que más recuerdan, que más se ha quedado en ellos después de mucho tiempo y visitas, suele ser un drama, o alguna obra híbrida, experimental. Quizás, aunque pensamos que queremos huir, no queremos sino encontrarnos con algo que mueva realmente lo que hay en nosotros: esto es algo que cualquier género puede hacer, pero difícilmente.

Lo interesante, y complicado, en este nuevo y emergente formato (y, quizás, en buena parte del teatro) es encontrar una obra que logre su cometido, que tenga un mensaje y una forma, que conmueva al espectador hasta la risa o el llanto; que invite a encontrarse con lo esencial que tiene el teatro para el ser humano, y que, con su lenguaje propio, nos dé un poco más las palabras y los gestos precisos para comprendernos mejor. ¿Es mucho pedir?

II

Como el cuento a la novela, y como el cortometraje al largometraje

Empezaron en un prostíbulo, y eligieron la prostitución como tema para las trece obras que presentaron: por dinero. Un año después, abrirían el primer espacio estable y mantendrían la premisa del tema, también para ayudar al autor a animarse a escribir, para no estar tan en blanco al plantear una nueva obra cada mes. «Por…» lo que sea, se volvió la premisa; «por dinero» se mantuvo en el título del proyecto.

Esto permite que el espacio se reintente cada mes, cambiar de obras, encontrar nuevos temas y establecer también interesantes relaciones entre las obras y con otras empresas, marcas y ONGs, que han encontrado un espacio para estar presentes, tan solo con poner el tema. En septiembre, desde algunos años, colaboran con la Fundación Anesvad para promover la consciencia social sobre distintas enfermedades desatendidas o ignoradas. Por otro lado, han hecho otros en los que el patrocinio es más directo, llegando a temas como «Por el vino».

La exploración es constante para el microteatro, que aún tiene mucho por desarrollar y consolidar dentro de estos planteamientos de nuevo formato, que han abierto un camino para muchas salas experimentales y no convencionales en los últimos años. Ellos continúan explorando, aunque también nos dicen que, desde 2009, cuando empezaron, no han cambiado mucho en el formato, solo el orden de las representaciones, para que los aplausos no molesten a las otras salas.

En relación con estas exploraciones, los martes se permiten otros juegos, en un espacio abierto a obras en las que suelen buscar más experimentación y riesgo. Microfusión, se llama ahora. Anteriormente han probado con micromagia, microdanza, microdebut y microfolletines…

La Microfusión también les permite implicar otros agentes, como ALMA, que les ayuda a elegir las obras en cuestión; y una colaboración con la Fundación Atresmedia durante este mes de julio. Su idea es, también, dar espacios a aquellos que nunca han puesto antes teatro sobre las tablas y, al mismo tiempo, dar oportunidad a otros de elegir las obras que se quieren mostrar, e incluso promover en estos intercambios que la gente se desentumezca un poco y busque trabajar con nuevas personas, que se arriesguen a probar y experimentar con personas menos conocidas.

Hemos de admitir que pensamientos como estos animan a desentumecer el panorama, a explorar un poco más y a abrir camino a nuevos y diferentes procesos. ¿Qué tanto se logra, después, en los resultados y las obras? Es algo que toma tiempo, que puede depender mucho de la temporada, y que no es fácil mantener como constante. No se crea una corriente exclusiva de microteatreros, puesto que todos participan en otros montajes teatrales, y no resulta difícil ver obras similares en otros circuitos. Ahora, la influencia es clara y recíproca: ¿cómo cambia hacer microteatro al actor que vuelve luego a las tablas de una gran producción? Al igual que el equipo de Microteatro por dinero, el espectador siempre aprecia cuando la representación corre riesgos y llega hasta los límites de sí misma, manteniéndose en el punto exacto. Esto es lo difícil de lograr y lo que muchas veces perdemos en el teatro que vemos día a día en muchas salas madrileñas. No son mundos separados.

III

Algo que reconocen los actores y participantes es que, aunque tienen poco tiempo para meterse en sus personajes, repetir una obra tantas veces, empezar de nuevo ante un público diferente, les da una experiencia en las tablas muy valiosa. Están ahí, empezando la obra una y otra vez, todas las noches, teniendo, como mucho, unos pocos minutos de descanso entre las distintas funciones. No siempre tienen tiempo de pensar si están en personaje o no. Se ponen a prueba los nervios del actor al tener que aprovechar cada segundo de la obra, no es posible entrar frío y meterse en personaje quince minutos después: ya la obra ha acabado.

Repetir constantemente da, también, para que los actores puedan jugar con el personaje, adaptar cada una de las representaciones y ver lo que mejor funciona. En comparación con otras obras que son representadas muy pocas veces, aquí cada día se montan sobre las tablas entre cinco y seis veces, dando eso que es tan importante para el actor: la repetición del subir a escena. Apenas tienen tiempo para prepararse entre cada pase, despidiendo al público y preparando todo para el siguiente montaje.

Con el público tan cerca, pueden ver todas las reacciones y pueden sentir cuándo tienen espectadores que están disfrutando de la obra y cuándo no. Así, prueban constantemente qué diálogos funcionan, qué expresiones van mejor. En general, se sienten acompañados constantemente por un público que está ahí, casi en escena, con ellos.

Rubén Moreno e Iria Parada comentaban que, al llevarse tan bien, podían permitirse jugar en su obra Teletienda, escrita y dirigida por Edu Díaz. Cada representación les resultaba, entonces, algo diferente. Quizás retrasar la acción en algún momento, adelantar el diálogo, cambiar el gesto o el tono con el que interpelar al otro. Todo dentro de la misma dirección, pero dando los matices de unicidad que hacen del teatro una experiencia siempre reactualizada. En tan poco espacio se siente la energía del público, se sienten en tan pocos minutos sus reacciones y si está funcionando la obra o no. Quizás no hay demasiado tiempo para ensayar antes, pero la múltiple representación es una recreación constante de la obra, de los personajes y del ensayo mismo.

¿Qué espera el público de microteatro? Aquel que haya asistido y lea estas líneas, comente lo que ha esperado y lo que ha encontrado. ¿Cómo han percibido la constante multiplicidad de obras que pueden verse en el espacio de Loreto y Chicote, 9, y en todos los otros espacios? El actor siente, muy cerca y en el momento, sus reacciones más vivas.

IV

La selección de las obras es abierta. Para participar, exigen que la obra sea inédita, y esta solo se representa por un mes. Es cierto que el trabajo de preparación es, también, más corto, y que a medida que pasan los días, con tantos pases, la fluidez va permitiendo que la obra se desarrolle mejor y crezca en sí misma, dando seguridad y confianza a los actores; pero luego las obras quedan, entonces, en el olvido.

Muchos actores y creadores se sentían inconformes con esto, y así también las obras empezaron a rotar por otros espacios no convencionales. A partir de esto, cobraron más relevancia otras obras que poseían características no convencionales, y algunas de ellas también optaron por el nombre que ya estaba teniendo éxito: microteatro. Es cierto que una palabra precisa funciona mejor que otras construcciones, pero el equipo de Microteatro por dinero insiste en que sus pautas para este formato creado dentro del teatro breve son muy puntuales; no comparten que sea cualquier tipo de teatro no convencional. Eso los ha llevado a establecer una serie de licencias en las que nuevos espacios pueden recibir y difundir obras con el mismo formato que ellos originalmente tienen. Así se han expandido por varias ciudades de España, proponiendo una rotación con sus condiciones para algunas de las compañías (siempre que ellas mismas se encarguen de organizarlo), y al mismo tiempo triunfando en Latinoamérica.

Cuando uno de los socios de Microteatro por dinero se mudó a Miami, decidió que podía establecer una primera sucursal allí, en América. Con mayor o menor consciencia de la cantidad de actores latinoamericanos ansiosos por actuar en Miami y, al mismo tiempo, conectados con cada uno de los países que los habían llevado allí, descubrieron repentinamente que era, una vez más, un formato que funcionaba de maravilla, porque atraía con mucha facilidad a cualquier persona, incluso aquellas que claramente no querían ver teatro. Quizás es, sencillamente, nuestra constante idea de que, tan ajetreados como estamos, solo podemos aceptar la brevedad. Quizás el alivio de que el bar está ahí, y de que incluso te dejarán entrar con las bebidas, quizás la persistencia de quienes descubren un universo de historias y continúan asistiendo fielmente a todas las representaciones para descubrir la multiplicidad de voces que cada mes llena el espacio.

Así, un formato basado en la brevedad comienza a expandirse por el mundo hispanohablante, con cada vez más sucursales y cada vez más grupos descubriendo que la concisión de una historia puede conseguir que un público que ya no se atreve a entrar dos horas en una función, se acerque a arriesgarse, e igualmente se quede dos horas entre el bar y alguna otra representación.

V

Vicente Aguado, Edgar Costas y Pedro Vassallo nos comentaban, después de la recomendable representación de La venta, que gente que quizás nunca ha visto teatro en su vida —y no precisamente joven— se acercaba; y salía contenta, además. Una vez más, quizás la brevedad, quizás que el género predominante sea la comedia, quizás la experiencia y seguridad con la que manejan la cercanía, permite que el público se acerque con mayor facilidad y menos prejuicios.

¿Se está formando un público aquí? Habría que ver si llegará a no temer menos a otros géneros, a no huir al escuchar drama, y si al mismo tiempo las historias mejorarán su calidad y lograrán contar en su simpleza aquello que, una vez más, nos debería conmover (sea con gracia o con dolor). Si es así, logrará, a partir de esas reglas puntuales y de ese formato preciso, continuar una vertiente que está teniendo mucho éxito en la actualidad pero que siempre, a lo largo de la historia del teatro, lo ha tenido: la de la brevedad, en la que es casi más difícil decir las mismas cuestiones, en contraposición a un formato de mayor extensión. Aquí radica uno de los grandes retos del microteatro, y al mismo tiempo una de sus fortalezas: no ser solo teatro para quien no gusta del teatro, ni ser solo entretenimiento vacío para quienes van al bar a tomar algo; alcanzar, además de su estabilidad y de un sistema que funciona maravillosamente, un compromiso en las palabras y en las acciones… por el teatro.

Crecerá entonces su poder aún más, y crecerá también el público que asista a esas y otras representaciones de los mismos actores. Quizás incluso lograrán convencer a algún político de que piensen otra vez eso del IVA a la cultura, quizás continuará mutando hacia otros formatos no convencionales, en otros lugares y otros medios, y seguirá adaptándose a los tiempos en los que vivimos, en los que todo cambia vertiginosamente y vamos con abrumadora prisa en todas y ninguna de las direcciones. Es indudable el éxito de la propuesta, y su acierto para acercarse al público y ganarse su confianza. Hasta el 25 de julio estarán todavía las obras «Por los amigos» que recomendamos, para refugiarse del verano.