Sin mencionar la omnipresente ayuda de Google, podemos decir que existen escuelas para aprender casi cualquier cosa, hoy en día. En algunas artes está más aceptado que en otras (y en algunos lugares más que en otros). En la escritura, por ejemplo, eso de aprender a escribir suena como un truco de estafa piramidal, especialmente para los siempre presentes puristas. Ni hablar de la poesía. Todas las artes tienen su aura, pero algunas en especial se aferran con más fuerza a su aureola torcida, para justificar el valor de la creación.

Leer, diría, es lo que más claramente enseña a escribir. Leer con atención y continuadamente, de todo: es un ejercicio. También escribir es imprescindible, practicar una y otra vez hasta lograr aproximarse a lo que se quiere decir. Tener algo que decir también parece ser útil, entonces. La escritura se compone de palabras y sistemas, requiere técnica y conocimiento de las herramientas, como cualquier otro arte. Negar esto es negarse a sí mismo como creador. Ahora, aprender de forma autodidacta, o asistir a talleres y escuelas, eso ya queda en manos de cada quien.

Una de las dificultades con las que nos solemos enfrentar es el hecho de que el lenguaje, nuestra principal herramienta, es cotidiano y requiere trabajo reformularlo como una creación artística. No es solo tirar palabras ahí, como salgan, es conocer y tener una forma para aquello que se quiere contar. También las ideas han de tener una estructura, sea cual sea, en la que sostenerse. Si no, como los edificios mal construidos, por cotidianos que sean, se caen.

Hoy en día, sí, existen muchas escuelas de escritores. ¿Enseñan lo necesario, las técnicas, los procedimientos, la capacidad para seguir adelante? No lo sé. Está, por ejemplo, una de las más reconocidas internacionalmente, la Scuola Holden, que cuenta con la presencia de Alessandro Baricco, y bajo ella muchas más, con mucho menos renombre. Existen multitud de talleres y cursos dedicados a intentarlo. ¿Hay alguna metodología estable? ¿Salen de allí los escritores famosos? ¿De dónde salen? Son muchos los contextos y las maneras en las que los escritores se forman, pero en todos los casos se requiere una consciencia de lo que se está haciendo, una perseverancia abrumadora, mucha práctica y mucha lectura.

Todas las artes se pueden aprender, anuncio, aunque a algunos les suene como un asalto al cielo (o precisamente por eso). La calidad de los productos será diferente, es innegable, pero el oficio se aprende, y mientras más se conozca, se compare y se enriquezca de otras cosas, más interesante resultará. Hay que tener algo que decir, sí, pero también hay que saber cómo decirlo.

¿Se puede aprender a escribir en soledad y aislamiento? Con las correctas condiciones, sin duda, pero también se puede aprender a escribir en la colectividad, en el intercambio, en los talleres y las escuelas. No tiene sentido intentar mantener falsas auras, en ocasiones lo imprescindible es despojarse. El problema es que con eso del «todo vale», vale precisamente cualquier cosa, y no es lo mismo que cuando un edificio se cae, con todas sus consecuencias.

Termino el texto con una página del manual mínimo del actor, de Darío Fo, que habla de esto mismo, con algo más de elocuencia, en relación con el autor de teatro:

Darío Fo. Manual mínimo del actor.

Darío Fo. Manual mínimo del actor, p219.

Imagen destacada: El Escritor, H.Pippin, 1940.

Imagen de cabecera: Pablo Neruda, Amparo Mon, Emille Savitry, Delia del Carril, Raúl González Tuñón y dos escritores miembros de laa BBII. Parla, julio de 1937. II Congreso Internacional de escritores en defensa de la Cultura.