«No soy fotógrafa, no me considero fotógrafa aunque me encantaría serlo. Llevo doce años de mi vida jugando a fotografiar, recreándome en imágenes de películas, cuadros y demás artes plásticas… Pero muchas veces pienso que no estoy a la altura de ese ojo avispado capaz de escoger el disparo en el momento oportuno ni en el lugar indicado.

Juego a fotografiar, me expreso como puedo. Ilustro pensamientos aleatorios que a veces preceden la imagen, y en otras ocurre al contrario.
No tengo técnica. No tengo demasiados conocimientos. Me dejo llevar, simplemente, por todo aquello que fluye y sugiere. Por aquello que hace soñar».
(null)(6) (null)(7) (null)(5) (null)(4) (null)(3) (null)(2) (null)(1) (null)(9)

 

A pesar de que sigue siendo un medio profesionalmente cuestionable para muchos fotógrafos, no se puede seguir negando que Instagram es un medio excelente para descubrir trabajos fotográficos con un nuevo lenguaje visual. Es el caso de Alejandra G. Remón, cuyas fotografías no caen en la estética preciosista, a menudo vacía de contenido. Hay noción de la composición y el espacio, la luz y el color. Y hay concepto, porque las imágenes de Alejandra nos hablan de quién hay detrás. Casi como un diario personal, todas tienen una atmósfera íntima, una calma chica. Son el retrato de los domingos por la tarde que tan bien describía Isabel Coixet: «Esa extraña congoja que empuja a mucha gente a invertir los patrones del tiempo y a intentar con desesperación prorrogar el sábado hasta el martes. Esa mezcla de vagos recuerdos de infancia llenos de relamidas voces de locutores deportivos y horribles sintonías que llenaban el patio de vecinos (…) Domingos por la tarde en agosto, donde la ebriedad de sentir la ciudad para uno solo es reemplazada por el vértigo de sentir la ciudad para uno solo».

Alejandra G. Remón en Instagram: @alejandraremon