Tendría que empezar por reconocer que me gustó Batman vs. Superman: Dawn of Justice. No pretendo defenderla como película. Por el contrario, está claro que la mayoría de las críticas son acertadas. Sin embargo, y me doy cuenta de que esta es una observación personal, son algunos de los defectos que le ganaron el rechazo de la crítica los que me hacen disfrutar la película: cuando la veo, recuerdo las series animadas de Batman y la Liga de la Justicia que veía de pequeño. El ritmo inconstante, de momentos muy acelerado, a veces demasiado lento; las actuaciones exageradas y los diálogos cursis y tópicos; la apoteósica batalla final con una intervención, poco justificada, de Wonder Woman; todo me recuerda al universo animado que se construyó a finales de los noventa y comienzos de la década del dos mil.

Esto se hace evidente en la discusión que ha surgido en internet sobre si Ben Affleck hizo un mejor papel como Batman que Christian Bale. El último proporciona una actuación infinitamente superior y construye un personaje completo, coherente y profundo con el cual no podemos dejar de sentir empatía. Affleck, sin embargo, es el Batman que vimos en las series animadas. En este sentido, no es extraño que tantos fanáticos lo prefieran.

Es por esta misma razón que me gustó Suicide Squad.

Antes de adentrarme en la explicación, es importante aclarar que no todas las series animadas de superhéroes, mucho menos todos los comics de DC (o Marvel), tienen las fallas que señalé previamente. Dan Murrell, del canal Screen Junkies de Youtube, hace una crítica de Suicide Squad desde su posición de fan de cómics y, también, de DC. No tengo nada que refutarle a sus observaciones, tampoco a la mayoría de las críticas que he podido leer en internet. Pero, de nuevo, yo apunto en otra dirección.

El tipo de interés que despiertan estas películas resulta completamente irracional. Es puro entretenimiento y, en mi caso, apela a esa nostalgia absurda que me impulsa a ver cada película de superhéroes que llega a los cines. Así como también veo todas las de terror o de zombies que puedo, buenas, malas y muy malas. Es aquí donde aparece la paradoja que ha sido debatida constantemente en internet: mientras que los críticos han odiado las películas de DC, no se puede negar el éxito comercial.

El problema tiene más aristas de lo que parece. Si aceptamos que es una película de entretenimiento, el éxito comercial debería hablar por sí mismo. Si entendemos el lugar que ocupa en la cultura, la cuestión no es tan sencilla. Para empezar, el mundo de los superhéroes y los cómics, también el de las series animadas, hace tiempo que ha perdido su ingenuidad y ha producido obras que merecen nuestra atención. DC ha contribuido considerablemente a esto: desde The Dark Knight Returns (1986), de Frank Miller, hasta las recientes películas animadas dirigidas a un público adulto –freaky, pero adulto–, como se hace evidente en la reciente adaptación de The Killing Joke (2016), cuyo cómic original apareció en 1988.

Las nuevas versiones cinematográficas parecen abandonar esta evolución para volver a versiones simplistas de los superhéroes que, desde una lectura ideológica del discurso, resultan altamente cuestionables. DC, con sus últimas producciones, es el mejor ejemplo. Marvel, sin embargo, no se ha quedado atrás: esta compañía se caracterizó por humanizar a sus protagonistas, por centrarse en la persona detrás de la máscara; mas sus películas, realizadas de la mano con Disney, no dejan de ser entretenimiento para toda la familia, llenas de personajes carismáticos, aunque superficiales, y en las cuales el bien siempre triunfa. No pasan de ser, en otras palabras, películas Disney, con toda la carga ideológica y frívola que esto implica.

Sin embargo, Marvel ha consolidado un nivel en sus producciones, sobre todo en las dos últimas películas del Capitán América bajo la dirección de los hermanos Russo. DC aún no logra esto y, en consecuencia, sigue estando bajo la mirada de los críticos.

El problema de los freakies, ya lo he dicho antes, es que muchas veces renuncian a su juicio crítico cuando se trata de su freakada. Quizá yo soy el primer ejemplo de esta afirmación. Luego, no es de extrañarse que muchos fans de DC, aunque no todos, hayan aceptado Suicide Squad sin cuestionarla. Sin mencionar un público más amplio, que en general no problematiza sus idas al cine: solo van a pasar el rato, entretenerse, y quizá ligar con alguien. En consecuencia, la nueva saga de superhéroes logra mantenerse a flote con la esperanza de, en algún momento, nivelarse con su rival comercial y, en el camino, ganarse a los críticos.