En este día de poca inspiración para el articulista que les escribe, ciertas efemérides se han puesto en consonancia por sí solas. Aunque también es cierto que la casualidad sonríe a veces con una mueca maligna, pues el día mundial de la sordera es también el del nacimiento de Martin Heidegger, que no era sordo, pero se lo hizo.

Cada uno de nosotros se pregunta en muchas ocasiones qué sería de su vida si sufriera alguna de las variadas patologías de los sentidos. El gran Silencio de la muerte se manifiesta en pequeñas pero totalizadoras dosis en aquellos que no pueden ver, oír o hablar. Y, sin embargo, algunos genios alcanzaron su cénit precisamente gracias a esa minusvalía: son famosas y celebradas las sorderas de Beethoven, Edison o Goya.

Sin abandonar el terreno de las genialidades, el filósofo alemán Martin Heidegger comparte con estas figuras la rara virtud de construir visiones —o explicar sistemas— de la realidad al alcance de unos pocos privilegiados. Así queda claro en su trabajo Ser y tiempo, revisionista de la aventura fenomenológica husserliana, o en sus interpretaciones, aunque peligrosas y quizás personalísimas, del poeta Hölderlin, a través de las cuales se construyen las bases de una ontología poética, problema central de los debates entre filosofía y poesía del pasado siglo.

La pregunta sobre la sordera voluntaria de Heidegger es aún más terrible que el también tantas veces repetido interrogante sobre la relación entre la calidad pictórica de Hitler y su mente perturbada, porque Heidegger se había educado en el ejercicio del pensamiento, en la sensibilidad de la imagen poética y en la espiritualidad de la mística medieval alemana y, sin embargo, la cultura y el arte no fueron suficientes para frenar la producción de lo dantesco. Mientras tenía noticia, a buen seguro, de la Solución Final, adaptaba sus escritos con el fin de seguir escalando posiciones en la universidad y en el Partido. De la sordera pasaría al mutismo cuando Celan le entonó, en aquella famosa excursión por los claros del bosque, su por qué.

Hoy más que nunca debemos vigilar la apertura y limpieza de nuestros oídos. Hoy que, también por una maldita casualidad, se cumple el aniversario de Iguala.

#DíaMundialDeLaSordera

Imagen: Evgen Bavcar, fotógrafo ciego.