Pareciera que la única manera de ser honesto, sin caer en la ingenuidad o en la contradicción, fuera a través de la ironía. No podemos evitar las contradicciones que vivimos, así que es mejor aceptarlas. Afirmar nuestros valores, pero insinuado al mismo tiempo su absurdo. Comprometernos con causas que sabemos perdidas. Creer en verdades que ya hemos desmentido hace tiempo.

En este sentido, la nueva campaña que ha aparecido contra el candidato republicano, que se ha hecho famosa como The Avengers vs. Donald Trump, posee cierta ingeniosidad en un escenario que, por la seriedad y compromiso que suele suponer, no pareciera aceptar la ironía: el político. El vídeo, titulado IMPORTANT-Save The Day (IMPORTANTE-Salva el día), muestra a un montón de celebridades hollywoodenses hablando de la importancia de las próximas elecciones del país norteamericano. Hasta aquí no representa ninguna novedad. Sin embargo, lo que llama la atención es la forma en que juega con la consciencia que el espectador, hoy por hoy, posee en torno a este tipo de campañas.

De manera irónica, los actores exponen el funcionamiento de la estrategia: hacer que celebridades expliquen la relevancia del voto, mostrar a otros no-tan-famosos que eres capaz de reconocer, aunque no sepas de dónde, e insertar personas «normales» que humanicen el mensaje y lo hagan más cercano al espectador. Por supuesto, el vídeo inicia como cualquier otro, hasta que alguien revela que la única manera de probar la importancia del voto es poner a «un montón de gente famosa» repitiendo el mensaje. La ironía llega a su punto más álgido cuando Robert Downey Jr. afirma la necesidad de las personas no-famosas por su aparente sinceridad.

Justo en este punto, la propaganda aborda el problema de frente: lo que ha unido a todas estas celebridades es Donald Trump, lo peligroso que sería tener a un «cobarde racista y abusivo que podría dañar permanentemente la fibra de nuestra sociedad». Durante poco más de un minuto, un tercio del tiempo del vídeo, se recupera la seriedad para transmitir el mensaje. Finalmente, se vuelve a la ironía cuando se promete que, si todos votan, Mark Ruffalo se desnudará en su próxima película. Antes de cerrar, se hace un chiste sobre el último actor en aparecer en este tipo de vídeos, el más famoso, que en este caso es la «persona normal».

Que la publicidad utilice este tipo de mecanismos —ironizar sobre sus propias capacidades— no resulta novedoso. David Foster Wallace, en E Unibus Pluram: Television and U. S. Fiction, analiza este fenómenos y sus implicaciones.  Sin embargo, parece que no ha perdido su efectividad. Resulta curioso, por esto mismo, que ya existan vídeos en Youtube parodiando la campaña y señalando lo que, hasta cierto punto, representan este tipo de propagandas: la mirada condescendiente de la élite hollywoodense que quiere indicar cuál es el mejor camino a quienes no son capaces de verlo. Por un lado, estas críticas al vídeo original pierden de vista el tono irónico, que reconoce lo absurdo que resulta juntar a tantos famosos para decir al público qué es lo correcto. Por otro lado, la campaña sí promueve un mensaje y una postura política que la ironía no termina de negar: votar por Trump es malo.

El problema con una honestidad irónica, como la que señalé al iniciar, es que nunca es absoluta: o la honestidad supera la ironía, o la contradicción es tan evidente que es imposible saber qué mensaje se quiere afirmar. En The Avengers vs. Donald Trump nos enfrentamos al primer caso, pues hay un mensaje tangible detrás del vídeo.

Pero la efectividad de esta propaganda se encuentra en el hecho de que Trump es, antes que nada, una figura pop, un elemento de la cultura del entretenimiento. Esto es lo que sustenta su campaña, una marca que todos conocemos (su propio apellido). Un vídeo que ironiza sobre una de las estrategias políticas más conocidas, señalando lo absurdo del método, parece adquirir fuerza en las elecciones en que una celebridad es el candidato. La contradicción, sin embargo, es palpable: el tono paternalista de los famosos junto a la deconstrucción del discurso, la afirmación de la importancia del mensaje al lado del tono irónico.

Este vídeo y el juego irónico que plantea parecen acentuar el carácter absurdo de unas elecciones en las cuales nadie se atreve a afirmar nada, solo a negar lo que pareciera un mal común. Porque no nos invitan a votar por Clinton, sino a no votar por Trump, o a votar en su contra. Esa es la parte que más preocupa, que nos recuerda, además, a España, porque parecemos atrapados en un sistema que nos obliga a elegir constantemente al «menos malo».