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Valor y precio: el trabajo no se regala

Lucía Bailón

Encontraste una vocación. Aquello no cayó del cielo. Para saber que era lo tuyo tuviste que experimentar con varios medios, ver miles de fotos, hacer otras miles (que ahora te parecen horribles), pasar horas delante del ordenador probando las herramientas de Photoshop. Ingresaste en una escuela por dos años y medio, una escuela que no tenía por qué estar en tu ciudad; así que, además de la matrícula, pagaste el alquiler correspondiente y el material de clase: no hubo libros, pero sí fotocopias, carretes, papel fotográfico analógico, y digital, sin…