En palabras de Javier Maderuelo, el poeta Eduardo Scala (1945) resulta ser el «continuador de las prácticas experimentales más constante, en la actualidad». No obstante, sin negar la verdad de este hecho, sin restarle el mérito de ser el continuador y culminador de direcciones trazadas por José Miguel-Ullán o Juan Eduardo Cirlot, experimental sería una calificación demasiado basada en los planes de este mundo, para que fuese aplicable a alguien que se deja hacer por el lenguaje ya desde su propio apellido.
Asistir al montaje y a la puesta en escena de uno de sus proyectos –como UNI/VERSO, que tuvimos la suerte de conocer en la Universidad de Alcalá gracias a nuestros compañeros de Contrapunto– supone una experiencia única en todo el panorama artístico español de nuestro tiempo, una ocasión para impregnarse de la espiritualidad perdida en una literatura que se cifra más que nunca como mercado literario. Don Nadie, como le gusta llamarse por respeto a la necesaria posición negativa que ha de adoptar el creador, ha pactado con el lenguaje y solo a través de él se nos han desvelado relaciones que, pareciendo evidentes, nunca antes fueron halladas en castellano.

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Eduardo Scala presentando «Uni/Verso. Poemapasaje» en el I Congreso Direcciones de la Literatura Contemporánea y Actual, celebrado en abril de 2016 (Universidad de Alcalá) Fotografía de José Javier Martínez Palacín

Para comenzar fuerte, ¿qué opina sobre esta cita de Antonio Valdecantos en su último ensayo, Misión del ágrafo. De su respuesta, dependerá que me atreva a continuar con la entrevista (risas): «Interrogar al autor sobre sus libros no terminados es un acto supremo de descortesía que debería evitarse con el mayor celo, pero preguntar por la obra ya escrita es como apostrofar a los muertos (…)»

Irónica ocurrencia. No sé quién es Valdecantos, lo siento, soy un ignorante-orante que vive en Ávila, lejos del mundanal ruido.

Dejando para el final este silencio al que alude implícitamente, quisiera preguntarle ahora: existe, si no recuerdo mal, un bautismo de fuego literal en su trayectoria poética…

Acaso se refiera al venturoso día en el que ardí toda mi obra poética, literaria, al principio de los setenta. Fue un acto humilde, esencial, eran poemas muy malos que amenazaban con el éxito idiota.

Vuelvo a hablar del ruido, de la algarabía de términos y conceptos voluntariosos de un joven que deseaba ser poeta. Tuve que quitarlo de en medio y de los medios, el señor García Nieto, entre otros poetas del momento, no entendió el fuego.

¿No conserva entonces ninguno de esos borradores? ¿No se arrepiente alguna vez? Aunque sea, por recordar los viejos tiempos…

Nunca he conservado borradores, he ido eliminando borrones, montones de folios con obsesivas correcciones antes de dar por concluido un brevísimo libro de poesía. Los mercaderes y coleccionistas buscan mis manuscritos, las pistas y el proceso de la obra, detesto el morbo de las reliquias.

 

¿Durante esa primera etapa había comenzado ya su incursión en la poesía visual?

Los primeros registros inteligentes de la escritura como construcción tienen miles de años. La llamada poesía visual –otro género degenerante– es tan fastidiosa como falsa.

Y aún así, ha sido antologado en 8 poetas raros, Poetas de la diferencia, Poesía visual… ¿Está de acuerdo con que se le incluya en clasificaciones ex-céntricas respecto del mercado literario?

«Nadie ve el mismo árbol» (Leonardo). Qué le vamos a hacer…

No quiero saber nada del mercado literario que cada semestre lanza miles de libros, un mar de tinta, un ruidoso chapapote. ¿Quién es capaz de limpiar esta catástrofe ecológica?

Quizás la contención… ¿Para cuándo en una antología de poetas ascéticos junto a un Hugo Mujica o un Ernesto Cardenal, por ejemplo?

Acaso usted, desde su juventud y Facultad de Silencio, se atreva a perpetrar el proyecto. Preferiría no verlo.

No me lo había planteado, aunque me asusta el reto… Últimamente solo hablo para preguntar. No obstante, al hacer la pregunta pensaba en el profesor y poeta Martínez-Falero, que ha desarrollado algún estudio sobre poesía mística de nuestro tiempo, estudiando a Edmond Jabès, Paul Celan o José Ángel Valente ¿Le place esta denominación o la considera inapropiada en nuestros días? ¿Ascético o místico?

Etiquetar siempre confunde. Estos tres autores que el profesor nombra, tienen obras disímiles… Ciertamente escriben desde la experiencia de lo espiritual que a veces toca lo sagrado. Jabès y Cirlot son mis directores de Síntesis (risas).

«Scaligrama» (Eduardo Scala)

“Scaligramas”. Tipografía Scala de Martin Majoor, escalera Casa de América, Madrid

Otro profesor al que conoce, Felipe Muriel, pone el acento, entre otras muchas cosas, en el aspecto lúdico de la poiesis scaliana. Siguiendo esta perspectiva, cuando un servidor se acercó a su obra empleó el sintagma, el juego de la ascesis, para intentar aunar dos líneas que, siendo naturales al hombre, Eduardo Scala las practica a un mismo tiempo. ¿Está de acuerdo o considera blasfemo interpretar la ascesis lúdicamente?

En absoluto, el juego es sagrado. Escritos-ritos de iniciación…

Conectar la simultaneidad de planos temporales-espaciales –CAZAR-AZAR–, las leyes del Misterio, hasta el milagro sellado, es mi humilde trabajo.

Ciertos sincrogramas manifiestan la maravilla del Lenguaje.

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«Silencio mayor» (Eduardo Scala) Imagen de Monika Martinez de las Rivas

 

¿En algún momento ha pensado que debía dejar de escribir? Tanto si es así como si no puede reflexionar sobre ¿cómo vuelve un poeta a escribir cuando llega a la conclusión de que no debería seguir escribiendo?

Ninguno-uno. Don Nadie ha dejado de escribir hace décadas. Como he mencionado al principio de la entrevista, ardí mis poemas literarios hace más de cuarenta años. Vivo en el laboratorio-oratorio-río del lenguaje, mudo, atento al sonido interior de La Madre Palabra, mi última investigación poética, proyecto iniciado en 1993 que espero publicar próximamente en forma de libro.

Volviendo al origen, al mutismo… En Palabra y silencio, Lévinas emprende una fenomenología no del silencio, sino del sonido. Y un poeta como Hugo Mujica prefiere que no se le clasifique como poeta del silencio, sino poeta de la escucha: ¿está de acuerdo con desviar el foco de atención?

SONIDOsILENCIOS, se lee en SOlUNA, 1977, «La cosa una».

¿Qué rodea sus criptogramas? (O desde otra perspectiva, ¿en qué surgen? ¿Vacío, silencio, nada?)

Los sincrogramas que, a través de la extrema atención devocional, descubro –laboratorio-oratorio-río– y publico en diversos soportes, manifiestan verbal-visualmente algunos esenciales misterios de la vida, zonas de «la última realidad» según los nombran los budistas.

¿El silencio del buda, como diría Raimon Panikkar?

«Eduardo Scala no tiene sitio o lugar, mas está en su centro», escribió Raimon Panikkar con motivo de la presentación del Libro del Infinito en el Círculo de Bellas Artes, Madrid 1993.

CENTRO

   ENTRO

              O

No obstante, ¿hasta qué punto estos conceptos de silencio, vacío, nada… son afines o sinónimos desde un punto de vista cultural y estético?

Todo, bien mirado, es afín, complementario y distinto sinfín. El punto de vista cultural y estético, la mayoría de las veces, es pura etiqueta de mercado.

Entonces, la nada suele ser sobre la que reflexionan los filósofos, el vacío los físicos, el cero los matemáticos…

Y Dios, los teólogos. Llevo años publicando y exponiendo «El informe de la forma», Libro del Génesis en una sola palabra: NADA. Tesoro de la Lengua Castellana o Española que contiene la explosión de la semilla original: NADA-ADÁN-ADN-NDA. ¡Qué esplendor!

Instalación en el Museo Reina Sofía

Proyecto en el Museo Reina Sofía

Cuando llegamos al arte, tanto a la poesía (sobre todo visual) como a las artes plásticas, la cosa se complica y he visto diversidad de términos en los críticos… aunque cada vez más preponderante el silencio… ¿Podría ser, como pienso, el silencio el hiperónimo de estas relaciones desde una perspectiva antropológica o fenomenológica?

«Holologos» que, matemáticamente, hallo y entrego, puesto que son inventos que no me pertenecen, son soportes de meditación, puro silencio. Nada que ver con el ruido visual y acústico del inmundo-mundo que nos rodea.

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Fotografía de Jacob Woyton

Por cerrar la entrevista enlazando de algún modo con el comienzo –a fin de hacernos «infinit8», como le gusta escribir–, ¿cómo pueden existir tantos poetas? Y aún más si cabe, ¿tantos poetas del silencio? Piensa, como José Luis Jover, que «somos demasiados»?

Exactamente: un chapapote de tinta incesante.

(Fotografía de fondo: Por Ramón López Farinós
Fotografía destacada: Por Álvaro Viera)