La primera dificultad que enfrentamos al hablar de Scandal, y del concierto que tuvo lugar en La [2] de Apolo, en Barcelona, el 21 de septiembre, consiste en que, en España, la mayoría de las personas no conoce esta banda. Esto es un problema que probablemente enfrentaríamos en buena parte de Europa (aunque no se puede negar que tengan un público importante en este continente). Aún así, la verdadera dificultad no está en tener que hablar de su historia y su estilo como si fueran algo nuevo —que, para buena parte de los lectores, es posible que lo sea—, sino en hacerlo directamente con uno de los grupos más importantes del J-Rock actual.

Scandal no es una banda reciente, que empieza a ser conocida en Japón. No hablamos de una agrupación con algunos éxitos y un par de discos cuya carrera comienza a despegar. No, estamos hablando de una banda que tiene diez años tocando, con siete álbumes de estudio, cuatro recopilatorios (uno enfocado en el público europeo), que ha participado en la producción de una película de animación importante (Loups=Garous, 2010) y que ha colaborado en distintas producciones musicales y cinematográficas que, por cuestiones de espacio, no nos detendremos a enumerar. En resumen, Scandal tiene una larga trayectoria que intentar resumir supone, de por sí, un reto. Sin embargo, las únicas personas que, cuando les comentaba del concierto, conocían la banda, eran mis amigos otakus, fans del anime, que me preguntaban: ¿ellas no son las que hacen la música a Fullmetal Alchemist: Brotherhood? Sí, respondía yo; también se la hicieron a Bleach.

Recientemente, en Japón, se celebró un concierto en honor al décimo aniversario del grupo. El evento tuvo una convocatoria considerable, basta con ver los vídeos para darse cuenta de la fama que poseen las cuatro integrantes –Haruna Ono (guitarra y voz), Mami Sasazaki (guitarra solista y voz), Tomomi Ogawa (bajo y voz) y Rina Suzuki (Bateria y voz).  Esto hace más irónico que hayan tocado en La [2] de Apolo, una sala muy pequeña que ni siquiera se llenó. Reconozco que yo disfruto más los conciertos en lugares que permiten una mayor interacción entre el público y los músicos, pero no puedo dejar de preguntarme qué habrán pensado ellas de este concierto después de haber tocado, poco antes, en un evento tan grande como su aniversario. Además, no está de más señalar que, juzgando por el seguimiento que se hizo en las redes sociales de la gira europea, me atrevo a sugerir que España fue el país en el que la banda tuvo menos público.

Por supuesto, esto me lo esperaba, y cuando llegué al lugar no me sorprendió ver que la cola de espera no llegaba a media cuadra. Hay que ser justos, era una cola doble: la del público V.I.P. —que entró antes y pudo tener un breve encuentro con la banda— y la del resto de los asistentes que, después de que yo llegara, se duplicó. Asimismo, la audiencia era mucho más heterogéneo de lo que podría pensarse. No se reducía a fanáticos del anime. Es cierto, la mayoría de los presentes éramos freakies, pero no se puede reducir un adjetivo tan amplio a una sola de sus formas. Había fans de la música japonesa, del J-Pop y de la música Idol –aunque, me parece importante aclarar para evitar confusiones, Scandal no entra dentro de esta última categoría.

Poco después de pasar a la sala, mientras esperaba el comienzo del concierto, conocí a Marta Clarissó, de Idolmania, quien me explicó con detenimiento las diferencias entre los Idols japoneses y coreanos, entre otros. Si bien me he ido haciendo seguidor del rock japonés, reconozco que sigue siendo un universo relativamente nuevo para mí. Este encuentro con la redactora del fanzine sobre música Idol me recordó lo diverso que es, así como lo mucho que podemos llegar a ignorar en Occidente culturas tan potentes como la japonesa.

Mi primer acercamiento al J-Rock se dio cuando un amigo me mostró Babymetal, banda sobre la que escribí para Borrador poco después de conocerla. A un ritmo relativamente acelerado, he ido descubriendo bandas más o menos serias, con pretensiones puramente comerciales o con propuestas musicales complejas e interesantes. Resulta curioso cómo un mundo tan amplio y diverso permanece prácticamente ignoto para buena parte de España, lo que nos recuerda que la globalización suele ser, en esencia, unidireccional.

Los esfuerzos de bandas como Scandal por llegar al público occidental son considerables, lo que se puede comprobar cuando tomamos en cuenta el compilatorio Greatest Hits – European Selection (2015), el lanzamiento de una canción en su versión en inglés («Your song») y giras como la de este año. No solo esto, no deberían representar una extrañeza para un escucha español, no hablamos de una música de profundas raíces japonesas que acentúan la distancia cultural entre ambas sociedades. Aún así, su éxito en Occidente continúa siendo moderado y reducido a un tipo específico de público.

Lo que no faltó en La [2] de Apolo fue entusiasmo —pocas veces falta en un público tan freaky—, la hora que transcurrió desde que entramos hasta el momento en que empezaron a tocar, en la que los técnicos de sonido afinaron los instrumentos y probaron todos los equipos, se sentía la ansiedad en el aire. Fue el primer concierto de Scandal en España y, aunque yo las conocí hace relativamente poco, había personas en la sala que habían seguido la carrera de estas chicas casi desde sus inicios.

I

A pesar de insistir en el hecho de que la banda es poco conocida en España, tengo que reconocer que yo me topé con la música de Scandal casi por casualidad. Youtube, atento a mis búsquedas de J-Rock, me sugirió el vídeo de la canción «Love me do». Como el título me pareció una evidente referencia al famoso tema de The Beatles, decidí darle una oportunidad. Al ver que la bajista utilizaba el bajo Höfner que desde principios de los sesenta está asociado a Paul McCartney, supuse que mi sospecha, que el tema busca hacer un guiño con la banda inglesa, era acertada –no tengo problemas en reconocer lo débil de este argumento.

De cualquier manera, la canción, que se caracteriza por un ritmo animado y una melodía pegajosa, más cerca del pop que del rock, llamó mi atención y dejé que Youtube continuara su curso de recomendaciones, reproduciendo, uno tras otro, los éxitos de Scandal. No tardé mucho en darme cuenta: «Love me do», uno de sus últimos sencillos, no llega a representar todos los cambios que ha vivido el grupo y el tono pop puede llevarnos a sacar conclusiones equivocadas, pues se aleja de las inclinaciones rock que suele mostrar.

Para empezar, nada tiene que ver este sonido con el primer sencillo de la banda, «Space ranger» (2008), un tema sobre un viajero intergaláctico que se va de fiesta en distintos planetas y persigue a chicas de Venus y Saturno. Esta canción está muy lejos de los coros armonizados y las melodías pegajosas de su disco más reciente, Yellow (2016). En cambio, un riff de bajo directo y sencillo y una batería ruidosa, pero precisa, sostienen la canción mientras rasgueos distorsionados de la guitarra acompañan la melodía. El sonido es más bien sucio, acorde con el tono indie que se siente en los tres minutos y medio de música.

No es que Scandal se presentara como una banda hermética y de difícil escucha, o con una propuesta estética antisistema: su música, a pesar del tono rock, siempre ha tenido inclinaciones pop y comerciales. «Space ranger» no es la excepción. Pero ese primer sencillo sí refleja los primeros años de la banda, en los que cuatro amigas que se conocieron en una escuela de canto y baile de Osaka llamada Caless decidieron, en el año 2006 y por recomendación de un profesor, comprar instrumentos y formar una banda. La bautizaron tomando el nombre de una tienda para adultos que se encontraba en el edificio en el que ensayaban y empezaron a tocar en las calles y parques de la ciudad, repartiendo carteles que hacían a mano. Tuvo que pasar algo de tiempo antes de que su público creciera. Finalmente, lograron firmar con Kittie Records, el sello discográfico indie con el cual produjeron sus primeros temas.

Esta historia, que combina a cuatro adolescentes que estudian canto y danza para ser estrellas pop con los devenires callejeros de cuatro músicos de rock que disfrutan tocar y desean hacerlo de manera profesional, sin importar cuanto tengan que patear la calle para lograrlo, sintetiza perfectamente lo que, en mi opinión, es el espíritu de Scandal. Siempre coqueteando con el mundo brillante y melódico del pop, nunca sueltan sus raíces rock.

Ese mismo año (2008) debutan con Epic/Sony Record, con el sencillo «Doll». Es en este punto en el que realmente se define la personalidad del grupo, tanto en su imagen como en su música. En cuanto a la última, se perfila un estilo caracterizado por el uso de power chords distorsionados para producir riffs dinámicos y, cuando la canción lo requiere, para armonizar la melodía que cantan las integrantes, generalmente dialogando entre ellas, aprovechando al máximo los registros vocales de cada una. Sobre todo, resalta el uso de ritmos en un tempo rápido, aunque no demasiado acelerado, llevados por baterías que se encargan de marcar el beat al tiempo que acentúan los golpes de la guitarra o el bajo y así dar fuerza a las melodías. Por último, toda la música se sostiene por las líneas de bajo que, sin ser demasiado complejas, resaltan por su capacidad de construir una base sólida que marca el ritmo junto a la batería, a la vez que complementa la armonía de las canciones.

La imagen de las chicas, sobre todo en estos primeros vídeos, refleja perfectamente esta forma de aproximarse a la música: uniformadas con trajes de colegialas, alterados de vez en cuando para reflejar el estilo rock de la banda, realizan coreografías sencillas que hacen eco de sus inicios en la escuela en la que se conocieron. Con el tiempo, sin embargo, irán renunciando a esta imagen tan propia de la cultura pop japonesa para asumir otra, menos estereotípica, que muestra más la personalidad que las integrantes quieren proyectar.

Los cambios seguirán ocurriendo, aunque sin alterar los elementos claves que definen al grupo, y se harán cada vez más palpables: la música se limpia, los riffs de guitarra se hacen más refinados y las armonías vocales más complejas. Esto se hace sentir, sobre todo, a partir del año 2010 con temas como «Shunkan Sentimental» («Momento sentimental») y «Taiyō to Kimi ga Egaku Story» («La historia dibujada por ti y el sol»), que forman parte de la banda sonora de Fullmetal Alchemist: Brotherhood (2009-2010) y de Loups=Garous, respectivamente.

Si bien esta transformación, que viene acompañada por cambios en la estética de la banda, ya se puede percibir en los álbumes Temptation Box (2010) y Baby Action (2011), se hace definitiva en el cuarto disco de la banda: Queens are trumps (2012), en el que encontramos canciones como «Taiyou Skandalous» («Sol escandaloso») y «Pinheel Surfer». De manera concreta, podemos apreciar el cambio en el vídeo de esta última, en el que las cuatro integrantes se visten como oficinistas y están acompañadas por un grupo de baile. Asimismo, y más importante, se aprecian los cambios en la música: una guitarra más precisa y un arreglo vocal mucho más armónico le dan un matiz distinto. Sin embargo, y como hemos insistido, no se abandona el estilo rock que, aunque con diferencias, se ha mantenido desde «Doll» y continuará, haciéndose cada vez más refinado, en el quinto disco: Standard (2013).

Es probable que sea necesario, antes de continuar, un breve inciso sobre las composiciones de la banda. Scandal es un grupo de corte comercial, respaldado por una importante producción que incluye arreglistas y compositores. En este sentido, se aleja de la noción imperante en Occidente de que el rock debe ser «autentico» y «original», producto de un grupo que compone y arregla sus propios temas. Sin embargo, no creo que esto disminuya el mérito de la banda.

Para empezar, porque este estereotipo tan arraigado en el público del rock occidental, cuyo origen se encuentra en los sesenta con el auge de cantautores como Bob Dylan o John Lennon, se funda sobre una ilusión que esconde, sobre todo, intereses más relacionados con el marketing y la publicidad que con el arte –una categoría que, además, debe usarse con cuidado en el mundo de la música popular, sea rock o pop. Cuando pensamos, por ejemplo, en The Beatles, no podemos pasar por alto el papel que juega el productor, George Martin, en el proceso creativo, sobre todo en los discos que presentan propuestas musicales más innovadora (Sgt. Pepper’s Lonly Hearts Club Band, 1967, y Abbey Road, 1969). En general, esto se repite en casi cualquier banda; especialmente en la industria musical actual, en la que se deja muy poco a la casualidad.

La imagen romántica del compositor es, generalmente, un tópico cómodo, aunque con poco asidero en la realidad, que los fans del rock y el pop desean creer. Aceptar esto nos permite entender el proceso creativo que ocurre en el estudio de manera más amplia: es un trabajo complejo en el que participan, incluso en los casos más fieles al estereotipo, distintas personas que enriquecen el producto. Esta es una parte del mundo de la creación que los académicos y artistas suelen evitar, e incluso repudiar, mas tiene sus particularidades que no solo merecen atención, sino que muchas veces dan muy buenos resultados –Pixar sería un buen ejemplo, aunque tomado del cine, con el cual confrontar esta afirmación.

En el caso que nos ocupa, nos enfrentamos a un grupo cuyo carácter comercial lo aleja de la imaginería que existe en torno al compositor occidental. En general, su participación en el proceso creativo en los primeros discos es reducido. Suelen estar apoyadas por compositores, en ocasiones miembros de otras bandas veteranas como Triceratops, y arreglistas que contribuyen a construir lo que es Scandal como grupo musical y, digámoslo sin eufemismos, como marca.

En este sentido, el cambio que presenta su música en los últimos dos discos, Hello World (2014) y el ya mencionado Yellow (2016), refleja otro cambio importante en la banda. En estos, las canciones están compuestas, en su casi totalidad, por las integrantes. En pocas palabras, su participación en el proceso creativo ha aumentado considerablemente y esto se refleja en la música, en su sonido y estilo. Una de la cosas que ocurre es que el rango de la banda se amplía: no es solo que «Love me do» presente un sonido más pop, también encontramos canciones como «Konya wa Pizza Party» («Pizza Party Tonight»), que toma figuras rítmicas del ska, o «LOVE», que emula a la música reggea; sin dejar por fuera «Stamp!» o «Your song» que mantienen el estilo rock que hizo famoso a la banda.

Tal como dijimos al empezar, Scandal posee una personalidad medianamente marcada que se puede rastrear a lo largo de su trayectoria. Pero lo que realmente define a esta banda es su capacidad de cambiar y de moverse hacia adelante, ya sea desde la producción, que tanto las ayudo en sus primeros años, o a través de sus propias composiciones en los últimos discos. Esto, sin duda, se vio reflejado en las —más o menos— dos horas de música del concierto en España.

II

El motivo de la gira europea de este año fue el lanzamiento de su último disco: Scandal Tour 2016 «Yellow» in Europe. Como era de esperarse, casi toda la mercancía, expuesta en una mesa en el fondo de La [2] de Apolo, hacía referencia a la imagen de la nueva producción. Asimismo, la mayoría de las canciones que tocaron en el concierto eran parte de este álbum, aunque también incluyeron algunos de los temas más importantes de su carrera.

Cuando las cuatro chicas salieron, la música de fondo que ambientaba la espera continuaba sonando. Casi sin aviso, después de que Rina se sentara en la batería, Tomomi se colgara su bajo y Mami y Haruna sus guitarras, las cuatro se miraron e interrumpieron la canción que todavía se reproducía por las cornetas con «Room No. 7», la canción introductoria de Yellow, una pieza breve, sin voz, de ritmo acelerado y guitarras distorsionadas. Inmediatamente, sin hacer pausa y repitiendo lo que escuchamos en el disco, pasaron a «Stamp!», una de las canciones que, como dijimos, hace eco del sonido de sus primeros discos, aunque de manera definitivamente más matizada. Manteniendo este tono y energía, continuaron con «Your song», cuya interpretación en inglés cierra el álbum –la versión original se podía escuchar en Hello World.

El hecho de que los temas de Yellow abarquen un rango tan amplio, permitió que el concierto no se limitara a un solo estilo. Pues se abrió espacio para sonidos diversos como, por ejemplo, el de «Konya wa Pizza Party» («Pizza Party Tonight») o el de «LOVE», que utilizan figuras del ska y el reggae.  A lo que también podríamos agregar, por ejemplo, «Sunday Drive», un rock and roll sencillo y pegajoso en el que el bajo marca el ritmo que siguen las guitarras y la voz.

De la misma manera, se intercalaron los temas más pop, entre los que se cuenta, evidentemente, «Love me do». También vale la pena mencionar canciones como «Sisters», otro de los sencillos promocionales del disco, durante el cual Haruna utilizó su guitarra acústica, o «Morning sun», en el que ella pidió silencio al público antes de empezar para crear un ambiente adecuado para el tono del tema.

Este es uno de los puntos más interesantes a resaltar: lo particular que resultaba la comunicación entre la banda y el público. Porque Haruna, la frontwoman de Scandal, aprendió algunas palabras en español para poder presentar a la banda, dar las gracias y expresar su entusiasmo (así como enumerar los platos españoles que quería probar: la tortilla y la paella, por ejemplo). Sin embargo, y como era de esperarse, eventualmente se le acababa su escaso castellano y hablaba en japonés. Después traducía al ingles: are you having a good time? A lo que el público respondía con gritos de entusiasmo. Finalmente, ella concluía volviendo al español: ¡Fantástico!

Entre los temas del último disco que hemos mencionado, y otros que no enumeramos (se puede revisar el setlist completo de este y todos los conciertos de la gira aquí), la banda insertó algunos de sus éxitos más importantes como «Doll» o «Shunkan Sentimental». Además de otros, que no comentamos en la sección anterior, como «Awanaitsumorino, genkidene» («No pienso verte de nuevo, cuídate») y «EVERYBODY SAY YEAH!», que forman parte de los discos Standard y Temptation Box, respectivamente, y cuyo sonido es representativo de este periodo de la banda: un rock suave y animado con melodías de inclinaciones pop.

Por último, no podemos dejar de mencionar su último sencillo, «Take me out», un tema upbeat en el que el bajo vuelve a ser protagonista mientras la guitarra de Haruna charrasquea los acordes y Mami puntea una melodía sencilla y pegajosa.

Después de que las cuatro integrantes se despidieran, el público, siguiendo el protocolo, se quedó solicitando un par de canciones más. Algunos empezaron a gritar lo que supongo es la típica petición —«¡otra, otra!»— en japonés, a lo que todos se sumaron, muchos sin saber, al igual que yo, qué se estaba diciendo exactamente. Como era de esperarse, la banda volvió al escenario para interpretar, además de una jam sesión, dos sencillos de sus primeros años: «Shoujo S» («Girls») y «SCANDAL BABY». Estas canciones son habituales en el repertorio de Scandal y algunos de los gestos, del show, los podía predecir alguien que hubiera visto los vídeos de otros conciertos. Sin embargo, hubo una dinámica particular que la sala permitió. Durante el segundo verso de «SCANDAL BABY» es común que Tomomi y Mami se acerquen a Haruna en tono de broma para fastidiarla. Es un gesto que, supongo, habrá empezado por casualidad y ya ha sido integrado al espectáculo. Sin embargo, en La [2] de Apolo, debido a lo pequeño del lugar, la bajista y la guitarrista llevaron el juego un poco más lejos, se bajaron del escenario y tocaron mirando de frente, desde el púbico, a la cantante que no podía contener la risa. No lo puedo decir con absoluta seguridad, pero, hasta donde sé, esto no se ha repetido en otros conciertos.

III

Uno de los puntos que llamó mi atención sobre Scandal cuando las empecé a escuchar fue lo bien que tocan. Esto se aprecia en los distintos vídeos de conciertos y otras interpretaciones en vivo que se pueden encontrar en internet. Es evidente que no hablamos de Joe Pass y de Charles Mingus –o de Jimmy Page y John Etwistle, para usar referentes del rock clásico. En resumen, no son grandes virtuosas. Pero esto no evita que sean excelentes intérpretes, capaces de sacar de sus instrumentos el sonido que buscan en sus canciones. Verlas en vivo confirmó este hecho, la capacidad que tienen para sonar como una unidad sólida que avanza a través de los compases y las canciones de manera fluida y rítmica, llevando a la audiencia con ella.

Esto se debe a una dinámica que se funda en las capacidades individuales de las integrantes. La música es un diálogo en el que cada elemento ayuda a construir un código común, es necesario que todos jueguen su papel de manera efectiva y que entiendan el rol que interpretan dentro de la totalidad para lograr un buen sonido. Scandal es un excelente ejemplo de esto.

Por haber estudiado bajo, tengo cierta preferencia por los bajistas y, cuando escucho una canción, siempre presto especial atención a lo que hace este instrumento. Tomomi, que además ha escrito buena parte de las letras de las canciones, es la encargada de marcar el ritmo y la armonía con el bajo eléctrico. El adjetivo que mejor describe su ejecución es «sólida»: camina a través del mástil marcando las notas y los tiempos, proporcionando una base firme sobre la cual se puede mover con tranquilidad el resto de la armonía –las guitarras rítmicas, los solos, las voces. Ya sea que toque la fundamental de los acordes en una secuencia de corcheas típica de esa categoría tan amplia que es el «rock alternativo» —en la cual podría entrar, quizá, la música de Scandal— o que la línea del bajo esté formada por distintos arpegios y ritmos sincopados, Tomomi se mueve con comodidad, sin perder el ritmo, dando personalidad a los temas. Lo más impresionante es su actitud mientras lo hace: bailando de manera despreocupada y alegre, pareciera que tocar —en Barcelona o en cualquier parte— fuera un juego para ella.

Pero la base rítmica de Scandal no estaría completa sin Rina, cuya personalidad en el escenario, dulce y risueña, dista muchísimo de los tópicos que existen en torno a los batería. Sin embargo, esto no resta a su ejecución, siempre precisa, de los temas. La importancia de este instrumento en el rock es indiscutible y la batería de Scandal se encarga de guiar a la unidad que es la banda: mantiene el ritmo con precisión, como un metrónomo, y hace que las canciones avancen con breaks que anuncian los cambios y acentuando los golpes de la guitarra, el bajo o la voz.

La encargada de la guitarra solista, así como de la composición, no está de más decirlo, de buena parte de la música y las letras del último disco, es Mami. Sin duda, una de las técnicas con la que se siente más cómoda es el uso de las octavas para producir melodías que armonicen los acordes de las canciones. Mas no pierde la oportunidad para usar otras figuras propias del rock, así como para ejecutar un solo, si la canción lo requiere. Es entonces cuando sus mayores virtudes salen a relucir, apelando a figuras del rock clásico, así como a formas de ejecutar bastante funkies. Estas últimas se puede ver en los solos en los que charrasquea manteniendo todas las cuerdas en sordera con excepción de las notas correspondientes –una técnica similar a la que utiliza, por ejemplo, John Frusciante de los RHCP en el riff de «Can’t Stop». También se hace palpable la influencia del funk en la manera en que usa el pedal wah-wah y en ciertos charrasqueos con los que acompaña a la guitarra rítmica.

La frontwoman de Scandal, Haruna, se encarga de la guitarra que lleva el ritmo junto al bajo y la batería, tocando los acordes que rellenan los espacios de la música y proporcionan un colchón para las melodías que cantan las voces. Posee un rol protagónico, pues es la que da la cara por la banda —fue ella quien aprendió unas pocas palabras de castellano para agilizar la comunicación con el público— y quien se encarga de llevar, en la mayoría de los temas, la voz principal. Pero esto no la hace descuidar su labor como guitarra rítmica o le evita encargarse de algunos punteos y solos.

Cuando llegamos a las partes vocales de los temas, cuyo protagonismo es indiscutible y su carácter marcadamente melódico es reflejo de la cualidad pop del grupo, encontramos una dinámica bien definida donde las cuatro integrantes tienen su rol asignado. Tomomi se encarga de los tonos más altos, mientras que Mami armoniza con bajos. Rina, como es costumbre en los batería, no siempre participa en los arreglos vocales, aunque en ocasiones apoya las armonías de sus compañeras. Finalmente, como ya dijimos, Haruna es la encargada de llevar, en la mayoría de los casos, la voz principal. Pero esta estructura es flexible y con dar un breve vistazo a los sencillos más famosos de la banda veremos que todas las integrantes han tomado el papel protagónico en algún momento, incluida Rina.

Lo que se despliega en el escenario es un diálogo, una relación entre cuatro músicos —y cuatro amigas— que se entienden y se comunican sin problemas. Es difícil saber qué tanto de las sonrisas, los chistes y los bailes de la banda —de cualquier banda— es un acto espontaneo o, por lo menos, auténtico y qué tanto es parte de un show cuidadosamente elaborado. Pero, cuando se trata de la música, las cosas son mucho más sencillas: suena bien o suena mal. Más allá de todos los puntos medios que pueden existir entre estos dos extremos, la calidad de la música se puede percibir y surge de la comunicación que existe entre los intérpretes. En esto, me atrevo a decirlo, Scandal no falla.

IV

Comentando la relativamente escasa asistencia al concierto con alguien que conocí en la cola de espera, antes de entrar a la sala, me respondió que, para ella, se debía en buena medida a la escasa publicidad que se le había hecho al concierto. En parte es cierto, para enterarse del evento había que conocer a la banda y estar pendiente de las noticias que Scandal anunciaba en internet y las redes sociales. Era necesario, por lo tanto, un interés y una atención por parte de la audiencia. Si no conocías a la banda, o si la habías escuchado pero no la seguías, era casi imposible saber que iban a tocar en Barcelona.

Es difícil saber dónde está la responsabilidad de esta falta de promoción. Pero pensar en el tema me hace volver al tema inicial: ¿cómo es que una banda tan importante en Japón, y de una calidad musical incuestionable, permanece ignorada en buena parte de España?

El verdadero problema, desde este punto de vista, es cómo la globablización unidireccional que mencionamos antes invisibiliza buena parte de las culturas que, en teoría, está uniendo. Esto no es un comentario que se reduce a Scandal. Si un grupo tan grande en su país es tan pequeño en España y buena parte de Europa, ¿qué se puede esperar de bandas independientes españolas que apenas logran conseguir un espacio en su propio país? Sin embargo, entusiasma ver que los espacios, aunque pequeños, se abran y que grupos como Scandal puedan venir a España.

En una entrevista, las chicas dicen a manera de chiste que el rock japonés es muy «diligente». Resulta irónico cómo ese adjetivo resulta a la vez tan preciso y tan fuera de lugar. Por un lado, es cierto que ellas —y buena parte de las bandas de J-Rock que he escuchado— siempre tocan bien y se aseguran de que sus conciertos suenen lo mejor posible. Sin embargo, reducir lo que hacen a solo eso, a una suerte de intercambio comercial en el cual el cliente recibe diligentemente lo que pagó, resulta terriblemente injusto.

Scandal es, sobre todo y a pesar de sus inclinaciones pop, una banda de rock. El sonido que logran en el escenario, las dinámicas que establecen en su música y la manera en que se relacionan entre ellas continúa conjurando el espíritu que se puede apreciar en sus primeros vídeos y conciertos: ese punto medio entre el pop y el rock, entre las músicos profesionales y las rockeras que quieren divertirse, entre una puesta en escena diligente y un juego despreocupado que busca incluir al público. Como dije antes, es imposible determinar qué tanto de esto es auténtico y qué tanto es parte de un montaje muy bien producido. Pero, mientras la música sea buena, nunca está de más sumarse al juego.