This is the history that needs to be fixed.

[Esta es la historia que necesita ser arreglada]

DC’s Legends of tomorrow (2016) es el segundo spin-off de Arrow (2012). El primero fue The Flash (2014), que ha tenido una buena acogida por parte de los fanáticos de superhéroes y, en general, del público televisivo. Estas series combinan los puntos más absurdos del cómic con el drama fácil de las soap operas norteamericanas para entregarnos un producto de calidad cuestionable que, sin embargo,  captura la atención de la audiencia. Esto lo digo como alguien que las sigue: el absurdo que plantean tiene un punto de «cine B» que cautiva no solo a pesar de la baja calidad y las contradicciones, sino, quizá, gracias a ellas.

Uno de los temas recurrentes desde la aparición de The Flash, que nos remite a los cómics del personaje, es el de los viajes en el tiempo. Desarrollando una lógica particular que solo entienden quienes siguen las series, y aceptan las tramas sin cuestionarlas demasiado, se quiebran todas las reglas que la ciencia ficción ha construido en torno al tema del viajero del tiempo —por no mencionar las leyes de la física. Dentro de este marco, el segundo spin-off, centrado en un grupo de superhéroes que se dedican a arreglar y vigilar la historia —o la «línea del tiempo», para ser precisos—, es el que más tensa las contradicciones que supone esta temática. Resulta curiosa la manera en que aprovechan la trama para cuestionar, a veces de manera un poco tópica y superficial, los problemas que plantea la aproximación al discurso histórico.

Por ejemplo, cuando los protagonistas viajan a la década de los cincuenta, Martin Stein (interpretado por Victor Garber) celebra estar de vuelta en la época de oro de los Estados Unidos. Sus compañeros Sara Lance y Jefferson Jackson (Caity Lotz y Franz Drameh, respectivamente) le recuerdan que esa América que tanto celebran los conservadores era buena solo si eras un hombre blanco. Otra crítica más reciente la encontramos en el primer episodio de la nueva temporada, en el cual se busca reivindicar el discutido papel de Mileva Marić, quien fue esposa y colaboradora de Albert Einstein, en las teorías del físico.

Esta forma de crítica a la sociedad americana no es nueva en el universo televisivo de DC ni es exclusiva de esta serie. Supergirl (2015), que ha pasado a las manos de The CW, busca ser una voz feminista y, además, la nueva temporada ha abordado el complejo problema de la emigración. Sin embargo, por el tema que aborda, Legends of Tomorrow ha decidido asumir la crítica a nuestra percepción de la historia de frente y, a veces, sin eufemismos.

La idea de «arreglar la historia» se hizo explícita en el episodio de la semana pasada, en el que Jefferson lo afirmó de manera bastante cursi y tópica. La frase, que encabeza este artículo, se esgrime para justificar la ayuda que deciden dar a un grupo de esclavos, corriendo el riesgo de alterar la «línea del tiempo».

Más allá de los debates que puede levantar la calidad de la serie, o la manera en que se aproxima al problema, cambiar la historia o, para ser más precisos, la versión oficial de la historia es una necesidad indiscutible. Nunca como hoy habíamos sido conscientes de la manera en que los discursos oficiales han silenciado otras voces para imponerse. Dicho de otro modo, las idealizaciones de otras épocas se construyen sobre la existencia omitida de los marginados, aquellos para los cuales el pasado no era tan ideal, lo que representa una objeción directa a las distintas formas de conservadurismo que afirman que antes estábamos mejor.

Aproximaciones a una cuestión tan compleja en espacios como la televisión permiten que el problema salga de los pasillos de la academia hacia el público general. Esto plantea problemas: para muchos, la aproximación que hace Legends of Tomorrow puede resultar tan superficial que termina generando más confusión que esclarecimiento. Por otro lado, no podemos dejar de preguntarnos si estas ficciones no buscan construir un nuevo discurso oficial, más políticamente correcto, pero que igualmente silencie los problemas de fondo.

De cualquier manera, este tipo de fenómenos culturales demuestran la manera en que las posturas críticas como el feminismo, el poscolonialismo, y otras, han mellado los discursos predominantes de la cultura popular. Por lo menos, en Estados Unidos. La forma en que la sociedad puede digerir estos fenómenos todavía está por verse, pues no podemos dejar de preguntarnos si estos discursos de reconocimiento no se solidificarán en una nueva versión del discurso oficial. Una versión más eufemística, pero igual de excluyente.