Saber mirar es imprescindible para ser un buen director. Tener una perspectiva global, articular todos los engranajes con la mayor precisión posible. Saber dónde poner la cámara en cada una de las tomas que constituyen una película es un hecho al que no siempre se le dedica el tiempo suficiente. Quizás es algo que sucede casi automáticamente, en algún punto. Pero un centímetro puede hacer una gran diferencia, en el ángulo, en la toma definitiva y en todo lo que vemos, para sentirlo como certero o no.

Ver fotogramas y secuencias de Hitchcock en la exposición que actualmente tiene dedicada a él la Fundación Telefónica nos va haciendo cobrar consciencia de algo que transcurre veloz y naturalmente en sus películas: la maestría con la que, en cada ocasión, la cámara está ubicada para enmarcar lo que vemos. En muchas ocasiones, es diferente a lo que habitualmente se haría, pero es acertado, es preciso, es elocuente y mide cada uno de los detalles que están contenidos dentro del cuadro.

Fotograma de North by Northwest

Fotograma de North by Northwest

Nos lo muestra la exposición y lo sabemos: Hitchcock disfrutaba (y quizás necesitaba) controlar todo, y se encargó durante su carrera de todos los detalles de lo que estaba sucediendo, incluso en campañas de promoción. Además, se rodeó de un equipo excepcional, estudió siempre los cambios en el cine, en la moda, el arte y las distintas áreas de la cultura. Con un estilo claro y afianzado logró transmitir lo que quería, reiterar temas que consolidaban su mundo y su producción, mostrarnos su mirada como director, su persistencia.

No sé cómo podemos aprender a ver como Hitchcock, además de contemplando sus fotogramas una y otra vez, sus storyboards, sus bocetos y su obsesiva dedicación por los detalles que usualmente pasamos por alto. Quizás esto no es suficiente, pero nos revela que en la composición de sus obras existe un método, y que siempre hay método en la locura. Más allá de sus estructuras narrativas y sus creaciones, podemos ver en él una detallada labor de creación y construcción de la realidad, de sus personajes, de sus historias, dentro de sus filmes. Mira, y mira con la precisión de quien está preparado para hacer algo eficientemente: de esta manera, el ojo trasciende, la cámara encuentra su lugar y la acción es diferente a todo lo que hemos visto, aunque pueda ser una escena cualquiera. ¿Por qué? Quizás un centímetro de diferencia, quizás un cambio de colores, quizás toda una conjunción de un equipo de extraordinarios profesionales apropiadamente dirigidos por una persona con una visión muy enfocada.

Fotograma de Psicosis

Fotograma de Psicosis

Más allá del suspense de Hitchcock —como nos propone el título de la exposición de Fundación Telefónica— está su método, un método que se estructura a lo largo de toda su carrera y, más allá, de toda su vida, desarrollándose e innovando constantemente.

A través de fotogramas y proyecciones, bocetos y revistas, la exposición no muestra los alrededores del creador que fue Alfred Hitchcock, y no nos sorprendemos solo por lo desconocido, sino también por lo que ya hemos visto antes, al descubrir todo el empeño que llevó realizarlo, y la clara persistencia con la que fue hecho. No podía ser de otra manera, al adentrarnos en los pasillos de conexiones que nos muestran los devenires de los hitos de su trayectoria, descubrimos el método y su desarrollo. Vemos un poco más del maestro del suspense y de la técnica, y nos sorprendemos de nuevo ante cada uno de sus fotogramas: normales, pero diferentes, ¿y qué los hace diferentes?, ¿y dónde coloca la cámara el hombre que quiere ver distinto?