Por Raquel Pardos

El emblemático teatro Jovellanos de Gijón acogió el pasado sábado la gala de clausura de la 54ª edición del festival internacional de cine independiente de Gijón. Rostros del cine de autor nacional e internacional como Santiago Zannou, Carmen Moriyón, Vicente Dominguez, Jeo Stephenson, Hunter Todd, Sacha Wolff, Toki Pilioko y Mercedes Sampietro, se dieron cita para poner el broche final a una intensa semana en el que el protagonista ha sido el público. Atrás han quedado siete días en los que la ciudad asturiana ha reunido a espectadores y cineastas para presentar 250 proyecciones de más de 160 propuestas cinematográficas alternativas y heterogéneas de los cinco continentes.

Uno de los principales objetivos del FICX es estrechar el vínculo entre espectador e industria cinematográfica. Para ello, además de las proyecciones y las ruedas de prensa, el festival ofrecía mesas redondas, cursos, coloquios tras los estrenos o eventos como «vermouth con», o «café con». En ellos, los más cinéfilos conversaban con cineastas y miembros del jurado acerca de sus estrenos, trayectorias, nuevos trabajos o perspectivas de futuro para el cine. Sin duda, estos encuentros han sido el caldo de cultivo de muchos debates sobre el paradero del cine independiente en la actualidad.

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A pesar de sufrir una reducción del cuarenta por ciento del presupuesto con respecto a ediciones anteriores, el festival se presentó más honesto y vivo que nunca, una opinión compartida por la organización y por el público asistente.

Jorge Iván Argiz, programador del festival, es optimista y afirma que «hemos aprendido a sacar provecho de las adversidades, reinventando el festival con nuevas actividades y apostando por propuestas más concretas sin descuidar la calidad».

Nacho Carballo, director del certamen desde 2012, asegura, por su parte, que «este año, más que nunca, el festival se sostiene desde el respeto al público y el compromiso con las nuevas voces del panorama cinematográfico independiente».

Esta edición no ha excluido gustos ni edades. La programación se ha dividido en varias categorías, atendiendo al formato, género y público al que va dirigido. La Sección Oficial, tanto de largometrajes como de cortometrajes ha dominado la atención de público y crítica pero la oferta es mucho más amplia. Destaca Animaficx, que apuesta por las producciones animadas vanguardistas; Rellumes, que sin entrar en competición, reúne propuestas arriesgadas y de notable reconocimiento; Llendes, que centra las apuestas mas arriesgadas y experimentales dentro del marco audiovisual; y Enfants Terribles, sección destinada al público más joven.

Además, el programa se completaba con secciones como Géneros mutantes, cargada de ciencia ficción y terror, Gran Angular ficción y Gran Angular Asturias, dando cabida a producciones que, por su carácter y calidad, y a pesar de no poder en entrar a competición no pueden quedarse al margen del espectador. El colofón se ha colocado con las retrospectivas de Pablo Hernando y Mateo Garrone.

El palmarés de esta edición ha representado la calidad ya expuesta en el programa y ha repartido sus galardones, aunque la cinta búlgara Glory, y el largometraje estadounidense Manchester frente al mar,  han destacado sobre el resto, sin olvidar The teacher y Paradise.

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Honestidad brutal

El Festival de Gijón ha dejado películas arriesgadas en fondo y forma, y el público lo ha sabido valorar. Si hay una característica que une a todas las propuestas esa es la honestidad. Damos un paseo por algunas de las cintas que más han atrapado a los espectadores del certamen asturiano.

Desde Corea del sur nos llega La doncella, del cineasta Park Chan Wook. Basada en la novela de Sara Waters, plantea un viaje a la Corea de los años 30, donde la trama se narra desde tres puntos de vista. El amor, la traición, las tradiciones y la sexualidad son algunos de los temas centrales de la obra. Dejando atrás la etiqueta de melodrama gótico, La doncella es todo un ejercicio de estilo. El virtuosismo inunda la pantalla: las imágenes, la sutileza plástica, las brillantes interpretaciones de sus dos actrices protagonistas, y los giros dramáticos que nos plantea el guión. El filme, de casi tres horas de duración, es capaz de atrapar la atención del espectador occidental de manera casi magnética. Incluida en la sección Gran Angular Ficción, fue muy bien acogida por el público en la pasada edición del festival de cine de Sitges.

Continuando con voces femeninas, desde nuestro país vecino llega Le ciel attendra. Sus protagonistas, una madre desolada y dos adolescentes francesas que caen en un grupo de reclutamiento yihadista, plantean caminos inversos y simultáneos. Son historias ancladas en la realidad, personajes encerrados en el universo frágil de la adolescencia. Tras una ardua documentación, que la llevó a sumergirse durante tres meses en un centro de prevención para familias, la directora, Marie-Castille Mention-Schaar, afirma que «el veneno de la radicalización puede germinar en cualquier núcleo familiar, y escala social y religiosa».

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Mention-Schaar, que se convirtió en la sombra de una de las psicólogas del centro, asegura que «existe un foso entre adultos y adolescentes; nos olvidamos de lo que hemos vivido y con mi cine trato de explorar esta brecha generacional para entender a la juventud». Su esfuerzo le ha llevado a ganar el premio CIMA al mejor largometraje dirigido por una mujer.

El cine francés se ha dejado notar en esta edición con una destacada participación en esta edición. En la categoría de Rellumes destacó la ópera prima del director galo Thomas Kruithof. La mécanique de L’ombre es un thriller de espionaje, que trata de mostrar lo mas vulnerable del ser humano. Su protagonista, un hombre de mediana edad, meticuloso, obediente y acostumbrado a los rituales cotidianos, encuentra en el caos la solución de su existencia. En este filme se muestra un tapiz en el que cada hilo cuenta y el público ve a través de los ojos del protagonista. Así, el director nos invita a sumergirnos en una experiencia sensorial casi onírica.

La banda sonora juega un papel crucial en la película puesto que el espectador viaja a través de ella por la paranoia y la psicosis que afronta el personaje. Para Thomas Kruithof, tanto en sus cortos como en su primer largometraje, la labor profesional tiene un gran peso en la vida de sus personajes, y por extensión, en la trama. La superación del individuo es una obsesión para el director galo: «creo que para salir adelante, una sola persona no puede cambiar todo un sistema; mis personajes lo que hacen es tratar de romper sus propios hermetismos para avanzar en la sociedad».

De Francia viajamos a España. El largometraje gallego Sicixia es una de las propuestas más arriesgadas de cine experimental que se han proyectado en el festival. El objetivo de capturar la esencia de un pueblo desde el documental se entrelaza con la historia de amor de sus protagonistas. Sin duda es una oda a la imagen, a la naturaleza y al gusto por lo sensorial. Por momentos, la trama queda diluida en planos aleatorios y arbitrarios que dejan entrever una apuesta por un tempo propio y sugerente. La particularidad de la tradición de un pueblo se anteponía a la universalidad de las relaciones personales. Su director Ignacio Vilar, plantea un ejercicio de introspección y deleite visual.

Varias han sido las propuestas de cine en blanco y negro que se han visto en Gijón esta semana. La coproducción rusa y alemana, Paradise, dirigida por el premiado Andrei Konchalovsky, nos arrastra a la Europa de la II Guerra Mundial. De nuevo vemos el recurso de narrar la trama desde tres puntos de vista diferentes, y hacer simultáneos pasados y presentes de sus protagonistas. Una aristócrata rusa en la Resistencia, un policía francés colaborador del régimen de Vichy y un supervisor de los campos de concentración alemanes nos dan testimonio, a través de entrevistas, de sus vivencias mientras comprobamos cómo sus vidas pasan desde el punto mas álgido hacia su declive. Asegura Konchalovsky que «en nuestra sociedad, la maldad fluye por si sola. Sin embargo, al bien hay que darle un empujón para que salga a flote». Sin duda, este largometraje, mas allá de la memoria histórica, es una reflexión sobre el bien, una oda a la humanidad del hombre. La cinta se ha llevado el premio a la mejor fotografía y Julia Vysotskaya ha sido reconocida como mejor actriz.

El día más feliz en la vida de Olli Muki, cinta premiada en el reciente festival de Cannes, narra la vida de un joven boxeador que aspira a campeón del mundo en la fría Finlandia de mediadios del siglo XX. La propuesta del director Juho Kuosmanen rompe los esquemas de lo que podría considerarse un género en sí mismo. Atrás quedan las historias sobre boxeadores, centradas en odas a la hombría, la testosterona y lo viril. El director finlandés plantea una nueva forma de entender la masculinidad. La lucha por el éxito profesional se enfrenta a una historia de amor honesto, envuelta en un deseo de sencillez, o la búsqueda del éxito en uno mismo.

Damos un salto de género, para hablar de las propuestas que nos ha ofrecido la sección Animaficx. El director Bill Plymton, veterano ya en el festival, ha presentado su nuevo largometraje Revengeance, realizado en colaboración con Jim Lujan otro de los hombres orquesta de la animación independiente. Plymton narra el viaje de un cazarrecompensas, que se adentra en una trama al más puro estilo de la novela negra americana. Con personajes carismáticos y un humor irreverente, ofensivo y políticamente incorrecto, el director habla de la corrupción sin tapujos. Si bien la cinta da la particular visión del sistema político estadounidense, no es excluyente al resto de países occidentales.

Siguiendo con la animación, pero dando un giro de estilo de ciento ochenta grados, nos topamos con la propuesta de la directora canadiense Ann Marie Fleming, en Windows Horses (The Poetic Persian Epiphany of Rosie Ming). Su protagonista es una joven poeta canadiense, de padre iraní y madre china, que es invitada a mostrar su obra en un festival de poesía en Irán, junto con creadores de todo el mundo. En este viaje, ella redescubre su pasión por la escritura y se topa con la propia historia de su pasado. 

Advertimos una delicadeza que contrasta con la anterior animación, y que se centra en el arte, la historia y la familia. Windows Horses es un camino de búsqueda, de reaprender, de romper barreras, prejuicios y estigmas. Nos invita a la reflexión del arte en si mismo y del valor de la cultura como sello de nuestra propia historia. El jurado ha reconocido este filme con el premio Animafcix.

Hablando de historia, en la Sección Oficial de largometrajes para destacar la película The Teacher, último proyecto del director checo Jan Hrebejk. Basada en una historia real, María Drazdechova es la nueva maestra en una escuela de Bratislava. Fiel comunista con conexiones en el partido, utiliza la sutil manipulación y el chantaje como medida de acoso y beneficio propio ante sus alumnos y a padres. Esta propuesta nos plantea un ejercicio de engranaje hermético casi claustrofóbico, que lleva a sus personajes al límite. The Teacher habla del miedo, de la destrucción que produce el miedo enmarcado en un contexto sociopolítico, y de la necesidad que tenemos los individuos de mantener un status quo para sobrevivir.

El cineasta checo plantea en sus películas una dicotomía entre el heroísmo y lo humano. Relativizar lo heroico y humanizar la maldad es lo que más destaca en sus protagonistas, y lo que hace que el espectador no pueda despegarse de la pantalla. El jurado de la Sección Oficial ha destacado la dirección artística de esta cinta con el premio Gil Parrondo y ha reconocido su banda sonora como la mejor del certamen.

Desde Bulgaria llega la vencedora de esta edición del FCIX, Glory, de los directores Kristina Grozeva y Petar Valchanov. Con tintes de drama social, este largometraje nos habla del crudo diálogo entre las instituciones deshumanizadas que en teoría velan por nuestro bienestar, y las personas consumidas por sus engranajes. ¿Pueden existir héroes hoy en día? ¿Qué consideramos libertad del individuo? La corrupción y manipulación mediática vuelve a ser un tópico en esta semana del cine independiente, aunque es fascinante ver las diferentes perspectivas de cada uno de los cineastas. La película búlgara cautivó al jurado y se llevó el galardón al mejor largometraje, al mejor guión. Además fue acreedora del prestigioso premio Fipresci.

Dentro de la categoría de cortometrajes, La vuelta, del director catalán Emilio Martinez Borso, sorprende por la sencillez de medios y el impacto de sus imágenes. Su protagonista, Lucas, se encuentra perdido en medio del bosque, aturdido y sin saber muy bien cómo ha llegado hasta allí. Los gritos de auxilio de su hijo le devuelven a la realidad. Debe enfrentarse a un espacio hostil y vencer sus miedos para emprender el camino de vuelta. El espectador se zambulle a través de los ojos del protagonista en un viaje sensorial donde sobran las palabras. El autocontrol es la tarea más ardua de su protagonista, y misión imposible para el público.

Desde Latinoamérica nos llega Rosa Chumbe. Su potagonista, un agente del orden, lucha por entender a su hija, madre soltera y desempleada. La disfunción familiar, el alcohol, la drogodependencia, el sexismo, el aborto, la violencia hacia uno mismo, transtornos mentales, el culto a la comida y la televisión son los ingredientes de este largometraje que trata de plasmar la realidad de las calles de Perú, sin renunciar a un transfondo universal y atemporal. La religión también aparece en esta película, pero como una denuncia ante la necesidad de la fe, de vacio espiritual, y de autocuración.

El director, Jonathan Relayze, plasmó su voluntad manifiesta de no repetirse en ninguna de sus películas, pero ser fiel a la realidad de su país en cada una de ellas: «los temas que me interesan nacen del deseo de plasmar realismo». Para ello, el director solo trabajó con una actriz profesional, mientras que el resto del elenco eran ciudadanos sin experiencia. Las localizaciones también fueron reales. Además, la línea de trabajo que siguió le llevó ocho años de investigación desde que tuvo la primera idea. Relyaze está convencido de que  «no es necesario gritar para denunciar algo».

La voz de los sabios

Además de las novedosas propuestas cinematográficas, muchas personalidades de esta industria se han dado cita para debatir sobre el panorama actual del cine y el futuro que le aguarda.

La joven actriz Elena Furiase, miembro del jurado en la sección oficial de cortometrajes, animaba a estrechar vínculos entre los estudiantes de cine y los profesionales del medio, que cuentan con un largo recorrido a sus espaldas. «Yo combino proyectos profesionales de gran envergadura con otros que, quizá sin un gran presupuesto, destacan por contar con un buen guión y un equipo de profesionales, que aman lo que hacen sorprenden por el rigor y el respeto en su trabajo».

El director Emiliano Allende daba su visión sobre la diferencia entre hacer cortometrajes y de larga duración. «El formato de cortometraje te permite experimentar, es una experiencia de composión, cuartetos de cuerda, obras profundas, en las que intentas probar cosas nuevas». Ante esto es tajante al augurar que el avance de los formatos técnicos ha hecho que hacer cortometrajes se haya popularizado, y la labor experimental haya quedado relegada a una tarea de autor.

El director Nacho Vigalondo afirmaba que la asignatura pendiente de nuestro cine está en los guiones. Frente al avance tecnológico, la calidad del guión queda atrás, y en ocasiones perdemos el rigor y la exigencia que depende de nuestro propio ingenio. Vigalondo afirma que hay directores que han sabido forjar su carrera defendiendo un estilo pero que los guiones siguen dependiendo del talento del guionista y no debemos descuidarlo.

Muchos cineastas han alzado la voz sobre el deber de las instituciones públicas para el apoyo del séptimo arte, y la tarea de los artistas por ser fieles a lo que exige la sociedad de ellos. En definitiva, compromiso por hacer cine de calidad es lo que se ha respirado en cada debate y coloquio. El festival ha cerrado esta edición presumiendo de libertadad ideológica y de haberse alejado de los circuitos mas comerciales, consiguiendo, contra todo pronóstico, reventar las taquillas de casi todas las sesiones. Hay larga vida para este festival asturiano, que frente a las adversidades, se revela más fuerte y entusiasta que nunca.