Estas últimas semanas, entre peleas de académicos del lenguaje y premios Nobel que no aparecen, los fotógrafos hemos tenido también nuestra polémica particular: «lo que usted ve en Instagram no es fotografía». Esto aseveró Sebastião Salgado durante el homenaje que le brindaron en Río de Janeiro como personalidad del año. Añadió, además, que la fotografía es «un medio artístico en proceso de extinción», al que le quedan como mucho entre veinte y treinta años.

Además de categórica y anticuada, la postura de Salgado también me parece extremadamente fatalista, porque si bien es cierto que el método de trabajo actual dista mucho del proceso clásico, antes que hablar de extinción sería mucho más acertado hablar de cambio. Creo que lo único que de verdad corre el peligro de desaparecer es la figura del fotógrafo si este no sabe adaptarse a las transformaciones del medio. Hasta hace unos años se ha entendido la fotografía como una técnica cuyo destino final es el papel pero, hoy en día, aun sabiendo que los colores y la luminancia de las pantallas pueden variar los valores técnicos, no puede negarse que el aspecto comunicativo y el constructo emocional de una fotografía siguen presentes en ella independientemente de la fuente visual. Podemos seguir pensando que Instagram o Flickr son un canal gratuíto de fotografías sin valor, «un lenguaje al que no le interesa el arte, la calidad o la memoria» (según palabras de Salgado), o podemos asumir que se han convertido en un generador más de cultura visual, como en su momento fueron las revistas ilustradas. Considero que lo que de verdad debería preocuparnos es educar la vista y aprender a leer-comprender bien la imagen, porque ante una fotografía mal interpretada, el soporte es lo de menos.

Los avances y los cambios siempre han tenido sus detractores, especialmente en el arte, donde el cuestionamiento de las normas parece asustar a los grandes nombres del gremio, amenazados por una nueva generación que remodela el orden de un terreno que creían controlar. Verlo ocurrir con la fotografía me resulta especialmente llamativo: un medio marginado y muy burgués en sus inicios, que tuvo que hacer méritos para ser considerado como arte, incluso por los propios fotógrafos: «para los jóvenes es muy importante conocer todo el desarrollo de las artes gráficas, y no simplemente presentarse con fotografías que no podrían compararse a Cézanne ni por un segundo. No es posible aducir que la fotografía sea un arte hasta que uno no pueda colgar su obra en la misma pared» (Paul Strand).

No tengo claro del todo si a algunos nombres les molesta que así sea, pero la difusión digital ha acercado la fotografía, y el interés por la misma, a un público más amplio, y eso no significa necesariamente que cualquiera vaya a convertirse en un experto, solo por esto. El tiempo pondrá cada obra (y cada discurso) en el lugar que le corresponda.