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La paciencia o el grito

Javier Helgueta Manso

Hace unos días, la amaestradora que atiende a uno de nuestros «perretes», recogido del borde de una carretera, sentenció que el pobre animal manifiesta una conducta alterada, especialmente con sus congéneres, porque sufre una fuerte inseguridad. El comportamiento observado no era, por tanto, síntoma de una agresividad inherente a su naturaleza, sino prueba del miedo ante situaciones extrañas e inesperadas —la aparición de otro perro, la irrupción de un ciclista o un coche, etc.— que interpreta como potencialmente peligrosas para su manada. El ladrido, antes que resultar un recurso de…