No se preocupen. Este post no contiene spoilers.

Cada vez más, esta palabra cobra importancia en las redes sociales, las conversaciones y los discursos cotidianos. A medida que proliferan las series de televisión y se vuelve más rápido el proceso de observación y comentario, parece que la preocupación por recibir información que «arruine la trama» aumenta. Está claro que el término proviene del inglés, como buena parte de nuestra cultura cinematográfica y televisiva, dominada por el mercado estadounidense. Por esto la usamos —y la encontramos más— en dicho idioma. Constantemente vemos «spoiler alerts» y otras noticias, memes y experiencias que nos demuestran lo malo que resulta «spoilear» una película. En otros tiempos, esto sucedía también con otras obras.

Porque claro, esto implica que no nos sorprenderá un vuelco importante en la trama, una situación inesperada que nos haga preguntarnos: ¿qué? Y ahí el problema, supeditamos nuestro disfrute de lo que sea que estemos viendo a lo que está sucediendo. Esto lleva a los creadores a buscar y abusar de los famosos plot twists. Mientras más salte de asombro el espectador, resultará aparentemente mejor lo que se está viendo y habrá más de que hablar mientras se evitan los spoilers. Más reconocimiento recibirá la obra.

«Ya verás lo que pasa en el séptimo episodio», nos dicen y esto quizás nos motiva a continuar, expectantes, y resulta que el protagonista hace algo inesperado, o la historia da una vuelta para un lado o para el otro… Pero bueno, por más vueltas enloquecidas que demos, las historias tienen límites. Lo que, sin embargo, no tiene límite es cómo estas historias están contadas; algo que hemos perdido de vista con la cultura del spoiler. Al preocuparnos solo por lo que está sucediendo, nos olvidamos de notar cómo está sucediendo: quizás nos dan una rotunda vuelta de la trama principal, pero de una forma tan deplorable y poco satisfactoria que quedamos como si nada. No haré comparaciones vanas esta vez, pero imaginemos en cuántas situaciones de nuestras vidas es más importante el cómo que el qué, y lo fácil que nos resulta olvidarlo.

No me quejo de nuestro tiempo, porque esto es algo que sucede desde hace mucho. Aunque ahora usamos la palabra de moda y nos justificamos diciendo que es intraducible (sumemos un anglicismo, no importa), el término destripe tiene exactamente ese significado. No desde hace poco, desde 1884. Resulta, entonces, que los spoilers son una antigua preocupación, y que desde aquellos tiempos había alguien revelando nudos clave de la trama y dándole más importancia a las vueltas estructurales que a la forma en la que estas sucedían.

Nuestro temor al destripe es, quizás, este: el temor a no poder disfrutar ningún otro aspecto de la obra que estamos viendo si no es la sorpresa y la esperanza de que un plot twist nos revele algo diferente dentro de las entrañas de la narración. Desentrañemos, si es necesario, los aspectos fundamentales de una historia bien escrita, pero no nos dejemos llevar solo por la sorpresa de algo inesperado. Es una pena utilizar solo esto para mantener al lector «enganchado», intentando descifrar qué va a ser lo siguiente, en vez de disfrutar de cómo está sucediendo la acción y cómo se armonizan los diferentes elementos.

Los defensores de los spoilers aseguran que saber el qué nos permite concentrarnos mejor en el cómo de la situación. Ver, por ejemplo, cómo se desarrollan los grandes saltos en la trama y cómo son realizados. Pensemos que, en otros tiempos de menos obras, muchas personas asistían al teatro o la ópera repetidas veces, conociendo de antemano sus tramas y, por supuesto, sus puntos clave. Se deleitaban con estos momentos ya conocidos, reviviéndolos una y otra vez, siempre diferentes en su realización. Preguntémonos cuántas de esas series, obras y libros que nos han procurado deslumbrar solo con giros de la trama volveríamos a ver, y si causarían en nosotros algo más que tedio. Entonces quizás quitemos importancia a las advertencias de destripe. Y llamémoslos destripes, por qué no, con la buena sonoridad que tiene la palabra.