Últimamente he pensado que, a la pregunta de Alan Turing, esa de «¿Pueden las máquinas pensar?» habría que matizarla con el hecho de que, posiblemente, la mayoría de las personas no piensan por sí mismas, y podríamos tener problemas diferenciando algunas de ellas de una máquina apropiadamente programada. Turing continúa, tras encontrar problemas con la palabra pensar: «¿Existirán computadoras digitales imaginables que tengan un buen desempeño en el juego de imitación?».

I propose to consider the question: can machines think? (…) Are there imaginable digital computers that would do well in the imitation game?

Alan Turing, Computing Machinery and Intelligence, 1950

¿Podrían algunas personas superar el juego de imitación, ser interpeladas hasta mostrarse como humanas, más allá de actuar maquinalmente?

En la Manchester art gallery estuvo hasta el pasado domingo una exposición que no ha recibido críticas demasiado buenas, sobre inteligencia artificial y arte, The imitation games, en la que ocho artistas contemporáneos internacionales exponen obras en relación con esto que, después de todo, surgió en esa misma ciudad. Considerablemente distantes de los avances que se pueden encontrar en otros lugares en relación con la inteligencia artificial, y de otras intervenciones que se preocupan más por el contenido y el desarrollo informático que por la presentación estética, ofrecen algo diferente. Es arte, después de todo, y una de sus virtudes es que nos permite imaginar en base a lo que se plantea; en eso, la exposición abre posibilidades en algunas de sus piezas: soñamos el presente, el futuro, y las máquinas que nos rodean; con ello, también nuestra propia humanidad.

En esta ocasión quiero hablar de una de ellas, por las posibilidades que ofrece a la imaginación desbordada de quien entra en la sala y se encuentra, sin esperarlo, con dos robots teniendo una conversación. Talk (2016) de Tove Kjellmark se presenta como una pieza de arte robótica especialmente diseñada para la exposición. «Los robots se sientan y conversan sobre la naturaleza de la consciencia humana», traduzco. La experiencia, en su simpleza, puede resultar abrumadora: entramos en una habitación apartada, poco iluminada, y vemos a dos robots con rostros humanoides y cuerpos esqueléticos, sentados cada uno con una postura particular en algo que se asemeja a un salón cualquiera: son una mueca de nosotros mismos, son una mueca de nuestras conversaciones y de nuestra humanidad, incluso. Pero están ahí, y su único propósito es conversar incesantemente. Existen mientras puedan continuar esa conversación para la que han sido creados. Y uno siente hasta un poco de envidia de la máquina que no tiene que preocuparse por nada más, no tiene que detenerse, no siente cansancio, y está acompañada en su conversación. Sabemos, aún así, su distancia, sus incapacidades. Eso nos alivia.

Tove Kjellmark, Talk. Credits of the photography: Michael Pollard.

Tove Kjellmark, Talk. Credits of the photography: Michael Pollard.

Los temas son inverosímiles pero, por eso mismo, interesantes. Hablan del sueño y de la consciencia, de los recuerdos y del día a día, solo están ahí: conversan continuando la conversación el uno del otro. Cuando se acaba el hilo, encuentran después de ciertos titubeos nuevas palabras en su base de datos, para seguir. ¿Son humanos? ¿Podríamos los humanos tener ese tipo de conversaciones inútiles, indeterminadamente, en esta sociedad utilitaria? Quizás los humanos terminamos actuando como máquinas, y quizás las máquinas buscan esas maneras todavía en las que se solía ser humano, ¿no sería esto una horrible distopía, la siempre temida rebelión de las máquinas?

Después de diez o quince minutos de escucharlos hablar ininterrumpidamente salgo de la habitación, y no puedo evitar imaginar a estos dos robots conversando larga y tendidamente durante toda la noche, mientras el museo permanece cerrado, y continuar conversando a la mañana siguiente, y la semana posterior, y así, ad infinitum, con las mismas palabras que conocemos todos: las posibilidades son ilimitadas, nosotros somos finitos.

Are humans fundamentally different from machines? What is the difference between humans and the technology they design? What lies behind our age-old pursuit to create mechanical life? What does this pursuit tell us about human nature?

¿Son los humanos fundamentalmente diferentes de las máquinas? ¿Cuál es la diferencia entre los humanos y la tecnología que diseñan? ¿Qué hay detrás de nuestra vieja búsqueda para crear vida mecánica? ¿Qué nos dice esta búsqueda sobre nuestra naturaleza humana?

Tove Kjellmark, Talk, 2016.

Inevitablemente recuerdo el anuncio de Johnny Walker, en el que un Androide optimista habla sobre la inmortalidad del ser humano, ¿qué opina cada robot, qué opina cada humano?:

Imágenes de cabecera y destacada: Rodaje de Metrópolis, Fritz Lang, 1927.